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Opinión

De empresas y reporteros

LECTURAS

Por: Rigoberto Ocampo

Una empresa está en el mercado para vender su mercancía. Vende lo que produce. Punto. Ninguna empresa es una fundación altruista. La Secretaría de Hacienda da constancias fiscales a fundaciones que otorgan un servicio social y pueden pedir donativos. Las fundaciones dan un recibo que pueden ser deducibles fiscalmente. En esos casos, una empresa puede dar donativos a una fundación, que el dueño de la empresa considere pertinente de apoyar en su labor social. Y, la fundación dará a la empresa un recibo de donación que podrá deducir de su ejercicio fiscal correspondiente. Una empresa de medios de comunicación produce noticias y las vende a quién quiere comprarlas. Nada más quien quiere comprarlas las tendrá. Hay leyes y reglamentos sobre los derechos de autor, que protegen la producción de textos y fotografías que ese medio de comunicación hace públicos.

Es una empresa. Como toda empresa, tiene uno o varios dueños. Los intereses que defenderá esa empresa son los de los dueños. Así son las cosas en el mercado libre del capitalismo. Así funcionan los medios de comunicación en una sociedad capitalista. Sirven a los intereses de los dueños del medio. Una de las mejores exposiciones de este proceso se encuentra en la última novela de Umberto Eco, “Número Cero”. Ninguna persona que escribe y le publican un texto en un medio de comunicación debería de dejar de leer este libro. Ahí está explicado que los reporteros van a buscar lo que el medio quiere. Punto. En los setenta Gunter Wallraff, periodista alemán, publicó un compendio de sus artículos e investigaciones en el libro titulado “El periodista indeseable”. En el mismo libro, se publica como Wallraff fue sentenciado por un juez del sistema judicial alemán y debió editar la publicación de su libro con las correcciones que le exigió el dueño del periódico en el que trabajó de encubierto.

De un caso en Sinaloa

En Sinaloa, un grupo de trabajadores de Noroeste reprobaron expresiones de uno de los accionistas de ese periódico contra uno de sus compañeros reporteros. Esa carta se hizo pública, de ahí que se puedan exponer públicamente unos comentarios. En la carta se escribe: “No creemos que usted sea el periódico”. Ahí, los firmantes están en dos errores: Primero, a creer a la iglesia, ahí es donde se puede creer. Segundo, sí, el periódico Noroeste sí es de los dueños. Así cómo, cada empresa que compra publicidad es de los dueños de esas empresas. Así como, el dueño de una empresa puede hacer un préstamo a Noroeste, cómo un hecho de apoyo económico o de promoción periodística a sus intereses.

En la carta mencionan que un directivo “…nos dijo en distintas reuniones sobre una recapitalización en el mes de julio de parte de los accionistas”. Los accionistas y directivos de Noroeste seguramente saben que legalmente antes de nada deben de pagarse los pasivos laborales y los adeudos fiscales ante el SAT. Esto en una supuesta quiebra. Pero también, en una racionalidad empresarial y económica si se pretende seguir operando una empresa. Los firmantes podrían consultar al respecto a un abogado experto en estos temas y que pública su columna al lado de ellos, David Álvarez, o bien, al financiero Francisco Coppel, experto en finanzas y economía, también columnista de ese diario.

Luego, dicen en su carta “…sí sabemos que tenemos un problema económico”. Entonces, deberían de acudir a las instancias del Estado mexicano para la protección de los derechos laborales. Si han devengado su salario y no les ha sido remunerado, deben de acudir a la Junta de Conciliación y Arbitraje y presentar la demanda correspondiente contra la empresa que no ha cumplido con sus obligaciones contractuales. El salario es una prestación que protege la Constitución. Renunciar a esa reivindicación laboral porque se ha “apostado al periodismo responsable”, aceptar que no les cumplan con sus “sueldos y prestaciones” y aceptar el daño a su “patrimonio y el de nuestra (sus) familia”, es por demás irracional. Sobre todo, porque son trabajadores vendiendo su fuerza de trabajo, lo único que tienen para vender. Así como la empresa vende las mercancías que producen sus trabajadores. Finalmente, los firmantes señalan una fuerte acusación, “no aceptamos actitudes violatorias a los derechos humanos”.

Párrafos: De libertad constitucional de expresión

Las primeras anotaciones son del ámbito privado de los firmantes con la empresa Noroeste. Los dos últimos aspectos, señalan violaciones a sus derechos laborales y humanos. Deberían de ser sustentadas antes las instancias legales correspondientes: laborales y de derechos humanos. Ellos conocen ambas instituciones: Junta de Conciliación y Arbitraje y Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH). En el último caso, habría que observar si no debería la CEDH seguir de oficio una violación de derechos humanos, por supuesto, si se configurará el caso. Lo demás, es un ejercicio de la libertad constitucional de expresión que tienen los firmantes. Así como cada uno de los columnistas y reporteros en EL DEBATE y en otros medios de comunicación. O bien, cualquier ciudadano en las redes sociales, las cantinas, antros, fiestas, carnavales, salones de clases, auditorios o en la vía pública. Igual que puede ejercer esa libertad constitucional el accionista de Noreste que acusan los firmantes. Tiene el mismo derecho inalienable de manifestarse libremente en donde quiera, en este caso, una de las redes sociales.