Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

0 0

De golosinas y otras tentaciones

A DOS DE TRES

En un país de contrastes como México, en donde simultáneamente se ponen en marcha una Cruzada Nacional Contra el Hambre y otra contra la obesidad, porque somos el país con más gordos en el mundo (ni me mire feo, yo también soy gorda y además la afirmación no es mía, es de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) llega la era de las develaciones sobre los alimentos.

No hay día en que no se descubra "la verdad oculta detrás de (anote el nombre del producto aquí)" o no haya un aficionado al espionaje industrial que le ponga al tanto de "lo que equis empresa no quería que se enterara". Y allá va la información circulando por el internet y ahí estamos muchos para darla por buena por el sólo hecho de que la vimos en la pantalla de una computadora, o alguien que la vio nos la compartió. Pareciera que con el sólo hecho de haber ojeado (sin hache) algo en internet fuera suficiente para convertirlo en verdad absoluta.

Así, a más de un siglo de que se patentó el más popular refresco de cola en el mundo nos venimos a enterar, apenas, que es malísima para la salud porque contiene grandes cantidades de azúcar y de sepa cuántos químicos más. En la era predigital las bebidas de cola eran satanizadas porque se aseguraba "tenían droga" y eso hacía que uno se aficionara a ellas (cabe recordar que inicialmente se patentó como medicina). Para desalentar el consumo se contaba, como quien comparte un valioso secreto: "Un compadre (siempre era un compadre) me contó que un amigo suyo trabaja en la planta donde hacen el refresco y hace tiempo un trabajador cayó en uno de los tanques y fue triturado. Los dueños no quisieron tirar el producto y así lo envasaron, y de ahí viene el sabor que tiene". ¡Qué azúcar en grandes cantidades ni que nada!, si lo se quiere es dar miedo, o asco, hacia el refresco ahí esta esa tétrica historia que por generaciones fue transmitida de padres a hijos.

No sé si sea una cuestión hormonal, o mera casualidad, pero la mayoría de las mujeres solemos rendirnos a los encantos de las golosinas ácidas. A ninguna nos han engañado adjudicándoles bondades que no tienen. Circula por internet un listado que acusa de tóxicos a prácticamente todos los productos a base de tamarindo y de chabacano salado y enchilado. Esa noticia, publicada hace diez años, se refería a la advertencia de la Administración de Alimentos y Bebidas (FDA, por sus siglas en inglés) sobre las tintas empleadas en los empaques de tales productos, que rebasaban el contenido de plomo permitido. La advertencia no incluía el contenido; sin embargo, el escándalo provocó que varias compañías que elaboraban esas golosinas casi de manera artesanal quedaran al borde de la quiebra, famosas transnacionales las compraron y tanto las que sobrevivieron como las que se vendieron cambiaron la tinta de los empaques y asunto resuelto. Puede comer golosinas ácidas sin temor a comenzar a brillar en la oscuridad. Ahora, si lo que quiere es desalentar el consumo en sus hijos dígales lo que nos decían a los predigitales: "si sigues comiendo eso se te va a llenar la cara de granos". De los 12 años a los 18 años se le tiene más miedo a los granos que a la gastritis y a la úlcera.

Y para ponernos a tono con la era de "lo que no quieren que sepas", aquí va la aportación del Departamento de Nutrición de A dos de tres sobre las golosinas saladas y enchiladas: si las come en exceso le va a dar una diarrea horrorosa. Y esa sí es una verdad absoluta.

Muchas gracias por leer estas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Comentarios, sugerencias, invitaciones, mentadas y felicitaciones por favor en [email protected] En Twitter en @MarisaPineda. Anímese a leer un libro, y mientras que tenga una semana libre de presencias tóxicas.