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De la aldea global a la aldea a secas

Sorprende la distancia de los medios de nuestro país a lo que ocurre en el mundo, a pesar del peso que ello tendrá necesariamente en las definiciones nacionales y en nuestras propias vidas.

Porque parece obvio que, a pesar del tratamiento marginal que le otorga nuestro periodismo a lo que perpetra ahora el presidente de Rusia en Crimea y, más extensivamente, en Ucrania y en otros países del ex bloque soviético, se trata de hechos que pueden resultar —más temprano que tarde—más trascendentes para los mexicanos, que las especulaciones y conjeturas sobre el relevo del Comisionado Nacional de Seguridad del gobierno federal y la designación de su sucesor. Sin embargo, este último fue el tema central de varios días en los medios mexicanos.

El problema es que una muestra más de impotencia estadounidense ante el desafío que le lanza el curso incontrolable de restauración del imperio ruso, aunada a una crisis, decidida por Moscú, de suministro de gas procedente de Rusia, del que dependen las economías industriales del norte de Europa, podrían tener más repercusiones en las condiciones de existencia de las familias de por acá que la lamentable muerte de la novia de Mick Jagger. No obstante, este último es un tema mucho más destacado en los espacios mediáticos mexicanos que el mapa geopolítico y neoeconómico que ahora se estremece en la aldea global.

TAN LEJOS, TAN CERCA

Incluso la crueldad, la destrucción, la muerte de civiles, incluyendo niños y jóvenes, impuestas ya por tres años por el régimen sectario sirio, han desaparecido prácticamente de nuestros principales espacios informativos. Ello, a pesar de que esas manifestaciones de sevicia no parecen tan remotas del fenómeno de degradación humana que conduce a comportamientos semejantes a las bandas criminales de aquí, ya por más de una década, y que por tanto tendríamos campos comunes de reflexión y atención pública.

Y otro ejemplo: la rápida descomposición del gobierno heredero de Hugo Chávez en Venezuela tampoco aparece ahora en el radar de nuestros informativos. Pero es un hecho que esta situación le exigirá a México cada vez mayor responsabilidad, tanto a la defensiva: para evitar efectos adversos para el país en los previsibles procesos de reacomodo en el bloque atlántico y el Caribe latinoamericanos, como en el frente proactivo: para reafirmar el proceso ya iniciado de reinserción positiva al sur del Continente, tras más de tres lustros de irrelevancia mexicana en la región y en el mundo.

CHISMES DEL PUEBLO

En términos de la esfera pública global, la referida a los asuntos de interés de los particulares, pero de alcance más allá de las fronteras nacionales, la agenda de los medios mexicanos aparece mutilada, por su mala atención al temario internacional. Dominados por una visión aislacionista, reconcentrados en los chismes del pueblo, de la aldea a secas, cuando algunos de nuestros medios abordan un tema como el del desafío ruso en la crisis de Ucrania, no pueden evitar la simplificación pugilista que parecería presentar en una esquina a un campeón en plena caída, Obama, frente a un retador, Putin, a quien el débil castigo occidental le hace cosquillas. Peor aún: tenemos medios que no pueden ocultar un cierto regocijo ante el anticipable final de un presidente estadounidense mordiendo el polvo, bajo el supuesto contrahecho de que toda humillación a Estados Unidos, en cualquier terreno, representa un alivio o incluso una compensación histórica para los mexicanos.

Está por un lado el argumento de que la información internacional de calidad es cara y hace caer lectores y ratings. Y que el interés de los medios en el mundo, en otras épocas, se debía a la falta de libertades para tocar los temas nacionales. Pero conquistadas las libertades informativas, a nuestros medios les falta ganar la batalla de la calidad informativa, que incluye la reconstitución de la agenda global. Ello los podría llevar a crear o a recobrar lectores y audiencias, hoy por hoy en fuga de los medios.

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