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De la soledad del periodista

LECTURAS

Una de las mejores películas del director norteamericano, Cameron Crowe, es "Casi famosos" ("Almost famous" - 2000). Es un retrato de la soledad de aquellos que están en los medios de comunicación. La película trata de un joven de 15 años que recibe la oportunidad de hacer un reportaje, a una mítica banda de rock durante su gira en el verano de 1973, para la ya entonces revista icono de este género musical: "Rolling Stone".

La trama tiene su principal línea argumentativa en la relación del joven reportero, William Miller, y el periodista especializado en crítica musical, Lester Bangs (interpretado por Philip Seymour Hoffman), quién lo introduce al mundo de ese género periodístico. Este personaje secundario es realmente el leitmotiv de la película. A través de las pláticas telefónicas entre ambos, durante la gira del grupo de rock, se irá fundamentando el material del reportaje para "Rolling Stone". Ahí se va delineando la relación entre el novel reportero y su objeto de estudio: "Ellos no son tus amigos". "Sé implacable". "No te dejes seducir". Son sentencias que el veterano crítico le va dando al quinceañero William Miller.

Los miembros de la banda de rock, sarcásticamente, le ponen de sobrenombre "el enemigo", al joven reportero. Y en efecto, el aprendiz tiene que lidiar con el encanto y la seducción del líder de la banda y su harem de seguidoras. Sólo la voz del crítico musical le regresa a la realidad y a la consigna de ser "implacable" en la redacción de su reportaje. Desde esta perspectiva la película "Almost famous" es un relato de la soledad del comunicador frente al hombre público, al retratar la relación entre el crítico musical y la banda de rock. Interacción en donde la consigna se vuelve y repite contra el novel crítico: "sé implacable". Por lo que el resultado final será la soledad.

DE PERIODISTAS Y POLÍTICOS

En el campo de la literatura, una crítica a las relaciones entre los artistas y sus obras con los periodistas, está en unos ensayos de Honoré de Balzac, "Les Journalistes", en donde el clásico francés del siglo XIX retrata a los gacetilleros que agobian a los creadores literarios.

La línea argumentativa de "Almost famous" o "Les Journalistes", es fácil de llevar a otro género periodístico y su contra parte. Un ejemplo está en la relación entre periodistas y políticos, específicamente cuando estos últimos luchan por llegar a obtener la representación política. Algunas veces, la relación se acentúa cuando un político logra ganar una elección: siempre habrá otra en el futuro.

Los políticos buscan una relación amistosa con los periodistas. Los hombres que aspiran a administrar lo público, o ya lo hacen, tienen casi como objetivo fundamental lograr un acercamiento personal, tocar fibras emocionales, llegar a lo privado, o aún mejor, a lo íntimo, de los periodistas. Los políticos intentan, hay que reconocer, algunas veces, afanosamente, hacer a los periodistas parte de sus amistades. Intentan acercarlos a su círculo privado, incluso al íntimo.

Más allá de problemas éticos, a los periodistas sólo les queda la soledad, y, algunas veces, sus colegas. Como se lo decía el crítico musical Lester Bangs al joven William Miller en "Almost famous". Los políticos siempre buscaran embelesarlos, y lejos está quien piense sólo en lo corrupto o burdo del "embute" o "chayote". Está el embeleso del verbo, la atención a lo publicado, la sola mención de la lectura es en muchos casos suficiente. También está la información en exclusiva. Y frente a esto lo único que resta es ser implacables: no someterse a las mieles del trato amable. Queda la soledad para el análisis.

PÁRRAFOS: DE LA SOLEDAD DEL POLÍTICO Y DEL COLUMNISTA

La soledad del periodista sólo es equiparable con la del político en su búsqueda del poder. Igual que el periodista, el político debe de ser implacable en su lucha por el poder. En el camino deja todo. Y en esa soledad se encuentran el político y el periodista. Quizá, y sólo quizá, en esa soledad los dos pueden llegar a ser amigos, logren compartir la soledad. Aunque será sólo mientras en el horizonte no aparezca un tercero, pues en ese mismo momento, el político se convierte en el seductor del poder y el periodista en el implacable crítico de esa lucha. Sólo en el anonimato, en la soledad, pueden darse esos encuentros, entre el político y el periodista, en los que ninguno de los dos busque encantar el uno y desmenuzar el otro. Un caso, muy claro de esto se puede observar en el subgénero periodístico de la columna política. Donde la libertad de la crítica, de la expresión de ideas y juicios, de la especulación, permiten al periodista incluso adjetivar al hombre público, de ahí el afán especial de los políticos para buscar a los columnistas.

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