Opinión

De la toma de pozos a la toma de la Presidencia

DEVERAS

Por  GERARDO VARGAS LANDEROS

Una portada de la revista Proceso con fecha de 10 febrero de 1996, en que se ve a Andrés Manuel López Obrador sangrando a consecuencia de un culatazo recibido en la refriega con soldados y policías judiciales durante la toma del campo petrolero Zeri en Tabasco, lo dio a conocer a escala nacional; y quién lo iba a imaginar, ahí arrancó su leyenda de luchador social valiente e insobornable, que lo colocó en el camino rumbo a la Presidencia de la República.

Un camino escarpado, siempre cuesta arriba, infestado de víboras ponzoñosas (recuérdese nomás la imputación de haber asesinado a su hermano José Ramón y las imágenes de una pared derrumbándose con el letrero: es un peligro para México, reproducidas millones de veces en la TV en 2006). Un camino pantanoso con cocodrilos hambrientos y las fauces abiertas con los colmillos castañeteando, en la confabulación feroz para desaforarlo del cargo de jefe de Gobierno del DF en 2004 y 2005.

Llama la atención que los episodios relacionados con los bloqueos carreteros, algún biógrafo de AMLO, pasa sobre ellos como sobre ascuas, imagino que para no darle alas a los alacranes que lo señalan como un líder violento y atrabancado. Lo cierto es que fue una lucha desigual, peligrosa y de ribetes heroicos en contra de la contaminación de las tierras, aguas y aires tabasqueños causada por el bum petrolero y su explotación irracional que afectó a más de 40 mil agricultores, ganaderos y pescadores de la región.

Como se sabe, Andrés Manuel estudió la Licenciatura en Ciencias Políticas y se recibió con la tesis: “El proceso de formación del Estado en México 1824-1867” y la maledicencia sacó a flote una falsedad más: que se tardó 14 años en concluir su ciclo escolar. También hubo bots y troles que estuvieron dale que dale con que no terminó su carrera. Hasta la fecha usan la misma receta: difama y calumnia, que siempre algo queda.

Al terminar la carrera, su primer trabajo fue en el Centro Indigenista Chontal en su nativo Tabasco.

Durante seis años, de los 24 a 30 años de su edad, promovió que los programas del gobierno federal no fueran nomás asistenciales, sino productivos, es decir, que al necesitado no le regales un pescado, enséñale a pescar y dale una tarraya. Ese trabajo con las comunidades indígenas chontales habría de marcarlo de por vida.

Su siguiente trabajo fue como dirigente del PRI estatal en Tabasco, con el gobierno progresista de Enrique González Pedrero. Duró en el cargo escasos 11 meses. Los caciques locales se quejaron de él por su preferencia por las bases y este le ofreció el jugoso hueso de oficial mayor del gobierno que rechazó y emigró a la Ciudad de México, donde laboró en el Instituto de Protección del Consumidor, y fue testigo de la negligencia criminal del gobierno federal con los damnificados del temblor de 1985.

En 1988 Cuauhtémoc Cárdenas le propuso ser candidato a gobernador de Tabasco. Después de mucho deliberarlo con su hoy fallecida primera esposa, Rocío Beltrán, se decidió. AMLO obtuvo el 24 por ciento de la votación y le arrebató al PRI los municipios de Cárdenas, Jalpa, Nacajuca y Texpa, pero se impuso el voto corporativo y clientelar. Salvador Neme Castillo ganó la gubernatura.

Pero se nos acabó el espacio. En el siguiente “Deveras” seguiremos con el relato de la carrera de AMLO que culminó con su triunfo arrollador el pasado primero de julio. (Continuará)