Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

0 0

De libro para niños

LECTURAS

El domingo pasado a Isabella le tocó leer el libro infantil "Nunca beses sapos" (Robert Leeson, FCE). Leer es la fuente de construcción del ser humano, sin duda es la semilla de la revolución, de la libertad: Sin leer uno no puede ser libre ni cambiar. Leer es provocador, perturbador, incitador.

El libro trata de como una niña convierte a un sapo en el príncipe Ruperto, un fanfarrón mantenido, un bueno para nada. Ruperto se hace del dinero, tiempo, trabajo y salud de la mamá del cuento. Es una tragedia ver como en su quimera y pasión, esa mujer, el ser adulto de la historia, se deja deslumbrar por la promesa y la ilusión de ese fatuo personaje. En un principio la historia da escalofríos, el ver como la mamá incluso desplaza a su hija para quedarse con el tipejo ese, dejando de lado la ilusión y deseo infantil. A mediados de la historia, la niña tiene que llamar a su tía para que se haga cargo del abusivo Ruperto y la dominada madre, que pierde su patrimonio, dinero, trabajo y salud. Después de la intervención de la tía, Ruperto comienza a trabajar y la mamá recupera la salud y su empleo. Al final, la niña le da una patada a otro sapo que le pide un beso para convertirse en príncipe.

Cuando se comentó el libro con Isabella, se le dijo si se daba cuenta que el dinero, los tesoros y castillos, no los regalaba ni un niño dios, un príncipe, ni se conseguía fácilmente casarse con un millonario. Se le insistió que la única forma de logar lo que quería era leyendo. También se le preparó, en caso de que se le apareciere un Ruperto en su vida, siempre podría hablar a su padre, pues no tenía tía a quién acudir. Después de alguna discusión, se le repitió en que el único camino para tener lo que quiere es leer.

DEL ILUSIÓN Y CAMBIO

La lectura es perturbadora del orden que queremos inventar. Leer es revolucionario, pues nos da herramientas para buscar cambiar la realidad. Pero sobre todo, leer nos da luz sobre las tinieblas que nos inventan y nos hacen creer. Leer deja de lado la estupidez y la mediocridad. Pone en su lugar a los imbéciles que sólo se preocupan de la apariencia: uñas postizas, pelo largo, ropa que provoca el deseo del otro, en fin, de la apariencia que busca, desesperadamente un Ruperto, el fanfarrón que quita comida, salud o tiempo, a cambio de una ilusión.

Esta búsqueda femenina de sapos para hacerlos príncipes pasa porque en nuestra sociedad machista y premoderna, ellas esperan que ese Ruperto las acompañe, las provea, les quite la soledad y la carga de trabajar, y, en muchos casos, ayude a mantener algún vástago que engendraron con otro Ruperto. Pero no es así, lo único que ayuda a ser libres es leer, el conocimiento para cambiar la realidad. Y esos aprendices de Ruperto, en esta sociedad, no leen. Algunos ni el encanto de un príncipe tienen. A esos sólo les queda la promesa de que ellos van a trabajar, ellos las van a cuidar y amar. La promesa de la luna y las estrellas. Todo porque ellos no leen, no se dan cuenta que sólo pueden aspirar a seguir preparándose, continuar aprendiendo, descubriendo, leyendo. Pero no, eso no es parte de lo que les enseñaron, eso no está en su identidad cultural. Mejor, "seguir buscando una que ande sola, pa' no estar comprometido cuando salga la bola": ¡Ajua, ajua, ajua!

PÁRRAFOS: MAINTENANT JE SAIS

Ahora yo sé. La canción que inmortalizó Jean Gabin, dice como desde la niñez, la juventud y la madurez, se repite: yo sé. No hay joven que no diga: yo sé. Más como reclamo que en respuesta a una pregunta. Es la oración sin complemento más repetida por los alumnos, los hijos, los menores a sus mayores: yo sé. No importa que cuando se pregunta, por qué la tierra gira alrededor del sol, no sepan responder. Ni tampoco porque una botella cae igual en el salón de clases, la playa, el DF o en París. Y cómo van a saber, si cuando fueron a la primaria sus maestros no sabían ni escribir español. Sus maestros no les enseñaron a leer los clásicos en la secundaria y la preparatoria, porque no los han leído. Y así llegan alumnos a la licenciatura, sin saber escribir ni leer español. Pero siempre la respuesta será: yo sé. Al final, quizá se darán cuenta: lo único que debieron saber es que había que leer. Siempre estará la voz grave de Jean Gabin para decir, al menos, en una canción: "Ahora yo sé: uno no sabe nunca, la vida, el amor, el dinero, los amigos, las rosas. Uno no sabe jamás el ruido ni el color de las cosas. ¡Eso es todo lo que sé! Pero ahí está, ¡yo lo sé!".

[email protected]