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De libros para los niños

LECTURAS

Un par de exalumnos de la Facultad de Ciencias Sociales de la UAS de Mazatlán se han dedicado a organizar, dirigir y conducir un centro cultural que ellos han nombrado Casa de la Cultura Juan Rulfo, en la colonia Francisco Villa del puerto. En un principio este asentamiento fue una invasión de terrenos ejidales, con el paso de los años los lotes se fueron regularizando, el gobierno municipal fue introduciendo los servicios públicos. Hoy la mayoría de las calles están inclusive pavimentadas. En medio de esa colonia, en la calle Toma de Saltillo, está este centro cultural.

Las actividades las coordinan Elizabeth y José, además eventualmente van otros compañeros de la UAS y de otras instituciones educativas. En una plática con ellos manifestaron su coraje e impotencia de observar a los niños, en algunos casos, con muestras de descuido y mala alimentación. O bien, se conoció su crítica a las actividades de algunos de los padres, incluso su desencanto cuando se dan cuenta que los toman como guardería. Su coraje es la manifestación natural de todo joven, su rebeldía incluso se manifestaba en ojos lacrimosos cuando relatan situaciones de injusticia para los niños. Su protesta por condiciones de inseguridad en su barrio. Su deseo de cambiar las cosas, su protesta por que el gobierno no los atiende. Su desencanto con los políticos y muchos que van y sólo se quedan en la primera visita. Se siente su coraje sordo, su desencanto.

Pero cuando los niños llegan, ellos comienzan a leer con ellos. Les ponen a hacer lecturas colectivas. A realizar juegos didácticos. Ellos se encargan de los trabajos. No hay asistentes, no hay burócratas federales, estatales o municipales, ni comisionados sindicales del SNTE, de cualquiera de sus dos secciones en Sinaloa. No, son ellos solos, con la ayuda de los compañeros que quieren ir. El planteamiento organizacional es realista, ellos sólo pueden abrir cuatro días a la semana (lunes, miércoles, viernes y sábado), porque los otros días deben atender las labores de la asociación civil que integra el centro cultural y sus propias labores privadas. Son dos jóvenes en sus primeros veintes, pero ya lograron juntar dinero para pagar la renta, la luz, el agua e ir acondicionando el local.

DEL QUEHACER

Cuando ella, Elizabeth, me dijo que podía hacer, cómo exigía, reclamaba, protestaba porque los niños no tenían comida sana, no tenían todos los cuidados propios de su edad. Cuando veía sus ojos llenarse de lágrimas y aguantar el coraje, lo único que pude decirle fue: Hace cuarenta y treinta años, muchos creímos que se podía hacer una sociedad de iguales. Muchos empuñaron las armas y muchos estuvimos dispuestos a hacerlo, con la ilusión de hacer esa sociedad igualitaria. También, les dije que me tocó ver desde París, en 1989, como se caía esa ilusión, como se derrumbaba el Muro de Berlín. Por último, me atreví a decirles lo único QUE se podía hacer: Lo que ellos hacían y desde que era profesor de la UAS y tenía a mi cargo la educación de Santiago, Yartiza e Isabella, también yo hacía, enseñar a leer a los niños y a los jóvenes. Promover que los otros leyeran. Ese era el único QUEHACER posible para cambiar las cosas.

Les regalé varios libros infantiles para su acervo, por supuesto "Nunca beses sapos" sobre el fanfarrón príncipe Ruperto; además, ellos hicieron una selección que fui a comprarles a la librería, y por supuesto, a llevarla a la Casa de Cultura Juan Rulfo. Así quedamos que sería cada mes, ellos me irán diciendo que desean ir adquiriendo de material de lectura o para acondicionar sus instalaciones.

PÁRRAFOS: DE AMABLE LECTOR

Quizá usted, amable lector, quiera ir a la Casa de Cultura Juan Rulfo de la colonia Francisco Villa. Quizá a más de un político con calentura, que debe de contener por lo que marca la ley local y federal en materia electoral, se le ocurra ir. Quizá, si tuvieran un poco de consideración, a algún funcionario federal, estatal o municipal, se le pudiera ocurrir darse una vuelta. A algún ocurrente hombre público pudiera parecerle interesante. Tal vez, algún capitalista, fatigado de tanto estrés de acumular el plus trabajo de sus empleados, pudiera ocurrírsele regresar algo a sus futuros trabajadores, antes de que lleguen a ser explotados en sus empresas, que por lo demás, no hay de otra, más injusto será que no tengan empleo. Quizá, amable lector, sólo usted y yo vamos a leer estas líneas. Pero si alguien va, por favor, lleve un libro, una caja de agua para beber, NO refrescos o bebidas con azúcar. No se le ocurra llevar alimentos chatarra. Pero, sobre todo, por favor, ni se le ocurra llevar libros de AUTOAYUDA, esos se lo adelanto, Elizabeth y José los tiran, y lo peor es que como andan en bicicleta y tiene consciencia ecológica, se los llevan a reciclar al centro de acopio que les queda como a 2 kilómetros, en bicicleta. Así que no se le ocurra llevar ese material impreso basura, por favor, sí llévelo al centro de reciclaje, pero no a la Casa de la Cultura Juan Rulfo, no es bienvenido.

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