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De locura, el sexenio

GUASAVE

Allá o aquí, es lo mismo. Todo está paralizado. Así tiene al país, a los mexicanos Enrique Peña Nieto. En los linderos de la desesperación. Los gobernadores y alcaldes, todos quitándose la "sapeta a patadas".

Con el cuento que de la federación no fluyen recursos suficientes, y por lo tanto no hay obras, en los estados el asunto de la depresión acusa ya muy serios efectos no sólo en los sectores productivos, sino que impactan en la línea de flotación de la economía doméstica

También los gobernadores arguyen que lo del narcotráfico no es de su competencia y de ahí el desatado bandolerismo, mientras en medio de la insolente impunidad, aislados golpes al crimen que se convierten en golondrinas que no hacen verano.

Tamaulipas, Guerrero, Michoacán, Oaxaca, lo mismo que territorios prósperos como Jalisco, Nuevo León, Estado de México, y así hasta terminar con el resto de entidades, la mayoría pobres con los mismos problemas, necesidades y carencias sociales y dentro de esa regla pasando lista de presente, Sinaloa.

Todos inmersos en la recesión económica, en la crisis del campo, en el narcotráfico y en la delincuencia común, por no hablar de la del propio gobierno, que prohija por sus incapacidades, insuficiencias e ineptitudes.

Es igual en todas partes. Cuando no aparecen fosas con decenas de cuerpos en Veracruz, se agarran a balazos en Tamaulipas y salen a la calle los agricultores en Sinaloa víctimas de los "coyotes" y reclamando políticas públicas adecuadas.

Igual en medio de esos escenarios millones de paisas muriéndose de hambre, empresas sin trabajo y comerciantes sin ventas y por otro lado para completar el patético cuadro, desde hace años, se va dejando un regadero de cadáveres. Dicen que es el crimen organizado. Brillante deducción de las autoridades.

En el caso de la violencia, de los crímenes no hay investigación, enseñando así los altísimos grados de descomposición, más que de nuestra sociedad del gobierno, por su inutilidad.

Y si no hay persecución, menos resultados. Todo lo que se les ocurre declarar es: "son ajustes de cuentas", curiosamente la misma cantaleta de todos los procuradores en cuyos estados ha sentado sus reales el imperio de la violencia.

En el país parecen no existir los gobiernos. Y si no existen las instituciones tampoco hay orden, calma, ni tranquilidad. La violencia política esta desorbitada.

Son los cárteles y los pleitos entre bandas de "narcos", dicen una y otra vez quienes tendrían la responsabilidad de neutralizar tanto asesinato. Se están matando entre ellos, se excusa torpemente el gobierno.

Sinaloa, aunque no está peor en cuestión de violencia, la verdad la estabilidad no ha mejorado gran cosa. Como antes, hoy, las estadísticas que marcan los grupos delincuenciales, con todo y su escasa contención, hablan que desde que empezó el sexenio, cotidianamente se a echan dos o tres cristianos, si no es que los entregan "por paquete".

Y en esta guerra que se expande a una gran parte del territorio nacional, no sólo caen quienes deben caer. Se van mujeres y se van niños. Y otra vez la burra al trigo: "creo se tratan de gente ligada al narcotráfico".

Ha sido entonces, este sexenio priista, un sexenio de locura y de miserables. De debilidades. De no saber el presidente en lo que está parado. Lo único que nos muestra Enrique Peña Nieto, a casi dos años de iniciada su gestión, que su vocación, hoy lo sabemos, muy tarde, no es gobernar, no al menos eficazmente.