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De logros y pendientes

DIVAGACIONES DE LA MANZANA

Llegado el día en que se celebra el Día Internacional de la Mujer, es decir el 8 de marzo de cada año, la reflexión sobre lo que las mujeres hemos obtenido así como lo que aún falta por cristalizar, es una reflexión obligada y estimulante.

Por una parte, hay muchos indicadores que muestran objetivamente estos avances lo mismo en el campo educativo que en la inserción en el mundo laboral,

Así también, reconocemos por igual que más allá de tales logros nos inquiete el hecho de que no acaban de permear en la estructura social en su justa medida.

Si bien aplaudimos, nos complace y alienta el hecho de que un indicador tan decisivo como es la educación superior donde la mujer representa ya el 50% del número de estudiantes, que casi se duplicó en tres o cuatro décadas transcurridas, no se advierta en esa misma proporción la presencia femenina en los cargos del más alto nivel, tanto en el sector público, como el privado y el social. Para abundar en el ejemplo, nos regocijó saber hace apenas un par de años que la UNAM por primera vez en su historia registraba ya un 51% de población estudiantil del género femenino. Pero también lamentábamos que tal realidad no se reflejara ni en la estructura directiva de las empresas como tampoco en los puestos de mayor jerarquía dentro del campo de la política y del servicio público en general.

Otra constante que podemos apreciar por igual es la Cámara de Diputados o en el Senado de la República, donde las mujeres son menos de la mitad del total de la representación popular.

Y si nos enfocamos al sector privado se presenta una situación similar e incluso más desventajosa pues en un estudio relacionado a la Bolsa de Valores se aprecia que no llega ni al 10% de mujeres que formen parte de los consejos directivos de las corporaciones estadísticas, lo cual se repiten con igual desproporción cuando nos referimos a los altos puestos directivos que es apenas un poco más del 10% y sí acaso un 20% en lo que se considera los manos medios.

Otra distorsión apunta a los estereotipos de lo que es supuestamente propio para el hombre y para la mujer, de tal manera que ellas parecen tener mayores oportunidades en áreas como pueden ser las de mercadotecnia, recursos humanos, relaciones públicas o comunicación, quedando casi excluidas de otras y ya no digamos de lo que sería la Presidencia o la dirección general las empresas.

Y qué decir de la discriminación o la desigualdad en cuanto a las percepciones salariales que bien sabemos son mayores en el caso del hombre respecto a las de la mujer, no obstante que se trata del mismo trabajo. Y en ese mismo sentido la existencia de lacras sociales que igual se refieren a la violencia interfamiliar que a la injusta repartición de las tareas domésticas, la atención a los hijos o las crecientes violaciones e índices delincuenciales contra nuestro género. Y las mujeres migrantes, que sufren un sinfín de negaciones dé como fueron golpeadas, abusadas sexualmente, extorsionadas e incluso asesinadas en su tránsito por nuestro país y el de estados Unidos.

El terreno del arte también está sujeto al predominio del hombre. En el pasado se pensaba que no había mujeres artistas, cuando lo que sucedía era que se nos estaba vedado expresarnos. Estuvimos condenadas al silencio por siglos y siglos. Aún hoy, el arte está controlado por hombres. Desde luego, no creo en el feminismo de confrontación, porque además ni siquiera corresponde a nuestra naturaleza. Durante todo el siglo XX luchamos por la igualdad y equidad de género. Muchas y muchos afirman que, sin duda, éste será el siglo de las mujeres y, para ello, no requerimos ya de pelea alguna ni de pensar en la superioridad de un género sobre el otro.

Anhelamos buscar la equidad y la complementariedad plena y esas el reto mayor que solo se alcanzará con cambios legislativos como también de mentalidad y condición cultural.

En fin, un año que bien merece celebrarse pero sin triunfalismos ni regodeos, como a la vez que exigir y pugnar para que diversas variables en los más distintos campos, sean compatibles y representativas en la política, la económica, la ciencia, la cultura, sean congruentes, y prueben que estamos y vamos al parejo hombres y mujeres en favor de un sano y sólido desarrollo de las instituciones de la nación.

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