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De monopolios y pontífices en nuestros medios

Los análisis de la prensa global sobre las condiciones que llevaron al Papa Francisco a canonizar, juntos, a sus predecesores Juan XXIII y Juan Pablo II, les hubieran resultado útiles a algunos medios mexicanos para matizar las alabanzas parroquiales de sus noticias y comentarios. También les hubieran servido a otros para paliar sus descalificaciones al pontífice argentino por llevar a los altares a su antecesor más próximo, dada su protectora omisión ante los abusos sexuales de los religiosos.

E igual, una asomada al fenómeno editorial del momento en los medios de la globalidad: la aparición en Estados Unidos del libro "El Capital en el siglo XXI" —y su colocación a la cabeza de los más vendidos en las listas del "New York Times"— quizás les hubiera permitido a los medios locales poner en nuestra agenda el debate de la concentración de la riqueza y sus efectos en la falta de crecimiento y la agudización de la desigualdad, como se discurre ahora en los medios estadounidenses, británicos y franceses, y en parte de la prensa española y argentina.

Y es que si nuestros medios siguieran la circulación del conocimiento universal, la noticia de la publicación de este texto, considerado ya un nuevo clásico de la historia y las teorías económicas del siglo XXI —en la línea del original, "El Capital", de Marx, pensado para el siglo XIX— quizás habría agregado algún pudor a nuestros espacios políticos y mediáticos que lograron, por lo pronto, postergar la legislación que se propone limitar al consorcio que constituye la mayor concentración de riqueza privada en la historia de México.

PUENTES

Primero, con su voracidad por lo local, sin referentes globales, y su activo clientelismo, a nuestros medios les faltó información al precipitar tanto su cobertura eufórica de las canonizaciones, como sus sumarias descalificaciones a Francisco por santificar a Juan Pablo II. Por ejemplo, pasaron por alto que éste último acortó los tiempos de la iglesia para canonizar, y que su sucesor Benedicto XVI se brincó plazos para asegurarle el fast track a los altares al conservador Papa polaco. E ignoraron que, así, a Francisco no le quedaba otra que concluir ese proceso para evitar un choque con el establishment conservador de la iglesia. Y que, para no romper, por otro lado, el equilibrio con la iglesia progresista, Francisco operó con destreza la rápida canonización de Juan XXIII, el Papa de la modernización y la apertura de los años sesentas, saltándose a su vez otro requisito. Y es que, de acuerdo a la etimología de la palabra, el Pontífice es puente —de unión— y no barricada de unos activismos contra otros.

NUEVO MANIFIESTO

Y hoy, que un fantasma recorre el mundo, el fantasma de la concentración monopólica de la riqueza como amenaza a la economía de mercado, al crecimiento económico, con su efecto en la agudización de la desigualdad, y con los riesgos que imponen los poderes monopólicos —la plutocracia— a las instituciones de la democracia, ese fantasma no llega a México a través de sus medios. Pero este año el Fondo de Cultura Económica publicará la traducción al español del "nuevo Capital", del economista francés de 42 años, Thomas Piketty.

"El Capital en el siglo XXI" viene a demoler el mito conservador de que aquella riqueza ha sido ganada y es merecida, de acuerdo a la lectura del Nobel Paul Krugman. Y su lectura aquí podría abochornar a legisladores, periodistas, intelectuales y sindicalistas hoy alineados con el consorcio que constituye la mayor concentración de riqueza jamás vista, cuyas tasas de retorno multiplican exponencialmente las tasas de crecimiento del país, lo que en la tesis de Piketty agudiza ineluctablemente la desigualdad. Los patrones de reproducción de nuestra plutocracia —en un marco familiar y hereditario— encajan con los de Papá Goriot del Balzac del siglo XIX, como lo propone "El Capital en el siglo XXI". Y el saldo del periodo parlamentario que hoy termina le niega su apuesta de que la democracia recobre el control del capitalismo.

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