Opinión

De morir en soledad

LECTURAS

Por: Rigoberto Ocampo Alcántar

La escritora francesa, Marcela Iacub, publicó en Liberation el pasado 5 de septiembre el editorial "Una momia habita cerca de usted". Describe como un hombre de 56 años muere en 2008, en un pueblo de los Alpes franceses, y es descubierto 6 años después. Las condiciones climatológicas hacen que el cadáver no se descomponga, sino que se momifique. La autora se pregunta por la paradoja de que las autoridades nos alerten del peligro de fumar, o bien, de la importancia de comer sanamente. Pero nadie dice nada del peligro de morir en medio de una soledad afectiva y social. Se interroga también, como nombrar de algún modo el estado en que se encuentra un ser humano que no cuenta para ninguna persona en este mundo: ¿No se convierte en una suerte de muerto viviente, un simulacro de individuo, un monstruo que pretende tener una existencia física, personal y temporal, mientras que ese ser humano no tiene ninguna?

La soledad afectiva y social en esta época es cada vez más expandida. Los seres humanos, gregarios como los describió Aristóteles, cada vez se han ido haciendo más independientes de los otros, hasta el nivel de llegar a poder esfumarse del colectivo. Una persona puede trabajar, comer, encargar su ropa y sus diversiones a domicilio. El agua le llega a su casa, el drenaje se lleva lo usado, y la luz, y los medios de comunicación también llegan a domicilio. Prácticamente todo se puede pagar por internet. En fin, cada vez, tiene que abandonar menos su vivienda. Al cortar los lazos de comunicación el individuo, poco a poco, se va habituando a ese aislamiento. Todo está diseñado para ello.

DE OTRAS SOLEDADES

Incluso, las relaciones de pareja cada vez se hacen más de corta duración. Quizá en pequeñas comunidades rurales pueda ser diferente en México. Pero nada más la población aumenta, la ciudad aparece expandiendo los límites urbanos, la soledad aparece como una condición concomitante de los avances tecnológicos que lo urbano va internalizando en la vida social.

La vida familiar también se ve afectada por la expansión de la soledad. Los lazos familiares ahora son dejados de lado a la primera posibilidad. Y no es poca cosas, apenas a mediados del siglo pasado, esos lazos, estuvieron a la base, por ejemplo, de la expansión de la producción de bienes muebles para el hogar. Si bien es verdad que la crisis económica de repente hace que los hijos permanezcan en el hogar paterno, la lejanía del trato con los padres prepara el terreno para un desprendimiento total en cuanto se tienen los recursos para ello. Lo cual, al final, lleva de nuevo a un aislamiento, a una situación en donde priva la soledad.

La búsqueda del éxito profesional es otro elemento que entorna una situación de soledad. Fenómeno que se experimenta en ambos sexos. Aunque en el caso de la mujer la posibilidad de la maternidad, a una edad avanzada, es siempre un paliativo a la solead para los últimos 20 años, de vida productiva. Cosa que no sucede necesariamente con los hombres, pues cuando se llega a procrear después de los 45 años, lo más probable es que lo hagan con una mujer menor que ellos, en la mayoría de casos, mucho menor. Lo que lleva, también generalmente, a que al paso de unos años, ella se separe de esa relación. Llevándose al hijo y dejando al hombre, de nuevo, solo y de una edad más avanzada.

PÁRRAFOS: DE OTRAS SITUACIONES

La situación económica puede ser un elemento que haga permanecer los lazos de una pareja más allá de los hijos. Una vez que se ha logrado construir un hogar, dejarlo para cualquiera de las dos partes se vuelve un problema económico, pues empezar de nuevo a los 50 años puede resultar muy difícil. La infidelidad ocasional en muchos casos es aceptada, pues el rompimiento conllevaría implicaciones financieras insostenibles. La salud puede ser un elemento que también juegue para que una de las partes de una pareja permanezca más allá de lo que pudiera desear. En fin, problemas de una sociedad de un país subdesarrollado. Sin embargo, una vez que la pareja tiene un mayor nivel socioeconómico, esos problemas quedan descartados y la soledad aparece para las partes una vez que se da la separación. Algunas veces el que abandona por infidelidad puede que se vea acompañado por un tiempo, pero corre el riesgo de ser a su vez abandonado. Por ejemplo, el hombre que deja su esposa por una mujer más joven. O bien, la mujer que deja al marido por un hombre más joven. Corren, ambos, con altas probabilidades que al poco tiempo se encuentren solos, tanto como a los abandonados.

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