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Opinión

De nuestra historia y su partida

LECTURAS

Por: Rigoberto Ocampo

Para Patricia siempre.

El martes pasado en la mañana dejó de estar en este planeta Patricia. Vivimos juntos, desde mayo 2001, muchas historias, pasión, dolor, alegría y tristezas. Dos veces perdimos un embarazo. Ella me dio la oportunidad de tener la responsabilidad y el sentimiento de paternidad de Yaritza y Santiago. Ellos crecieron y ahora son dos adultos que viven su propia existencia. En el camino que compartimos juntos hubo muchos tramos duros y otros muy suaves y alegres. 

Viajamos, reconoció lugares que le había contado y estuvimos en otros con Yaritza y Santiago. En la sala de la casa está una postal que me regaló en París. Es una foto del edificio de la calle Buci donde viví con Ángela la primera vez en París. Recordaba que en la entrada estaba una placa que señalaba que ahí había vivido el poeta, Arthur Rimbaud. En 2006 viajamos Patricia y yo a París.

Una tarde, llegó al hotel, también en la calle Buci, con la postal del edificio en que había vivido en 1992. Con un círculo blanco está señalada la ventana de la buhardilla en que viví. Y era ahí mismo, donde vivió Rimbaud. Desde 2006 está colgada de la pared de la sala, en medio, para recordar que ahí en Buci, París estará siempre.

DE SU RECORRIDO 
Trabajó en el sector público muchos años. Luego, regresó a estudiar primero una maestría y empezó su doctorado. También, ella recorrió gran parte del planeta y la otra parte que le faltó la vio y revisó en fotos y libros. En años muy difíciles profesionalmente estuvo al lado, siempre acompañando. Sabiendo que a veces había riesgos y trabajos, en otras era disfrutar. En el último tramo luchamos los cuatro juntos contra el cáncer. Hasta que venció. Una batalla que dimos los cuatro junto con el apoyo de Rolando mi hermano y un par de amigos más. Ese apoyo la tuvo en el planeta un tiempo más. Logró ver a Yaritza empezando su doctorado y a Santiago finalmente en su maestría. Ella no alcanzó a terminar su doctorado, el cáncer le arrebató esa tarea que la tenía dedicada a la investigación. Su tesis de maestría demostró que los muertos por diabetes rebasarían los cien mil al año, y, el presupuesto del gobierno para el sector salud sería insuficiente sólo para esa enfermedad. Las dos previsiones se comprobaron, inclusive las cifras mortales y de insuficiencia presupuestal van avanzando aún más. Ella vivió plenamente y se fue luchando.

Apenas, con una sonrisa, el pasado 1 de febrero le cantó las mañanitas a Riguito, el más pequeño de nosotros. Así será siempre su recuerdo. Batallando y luchando con su sonrisa. Siempre usando las uñas para agarrar la vida. Acá nos quedamos los tres para cuidar al más pequeño, Riguito. Ese gatito que le hiciste lo vamos a conservar y compartir con Yaritza y Santiago. Hasta siempre, enana.

PÁRRAFOS: DE POEMA 
Este poema de Rimbaud nos dijo siempre muchas cosas. Se lo leí y traduje varias veces. Luego, en un café en París, después de la postal, lo leímos juntos y se lo fui traduciendo. Ya no está. Pero seguirá su recuerdo siempre: 

Primera velada.

Arthur Rimabaud (Traducción, ROA, 12 febrero de 2019)

- Ella estaba casi desnuda
Y grandes árboles indiscretos
Echaban a las ventanas sus ramas
Maliciosamente, muy cerca, muy cerca.

Sentada en mi gran silla,
Media desnuda, ella juntaba las manos.
Sobre el suelo temblaban con gusto,
Sus pequeños pies muy finos, muy finos. 

- Miré, color de cera,
Un pequeño rayo como arbusto
Mariposear en su sonrisa
Y sobre su pecho, una mosca en el rosal.

- Besé sus finos tobillos.
Tuvo una dulce risa brutal 
Que se desgranó en claros trinos, 
Una hermosa risa de cristal.

Los pequeños pies bajo la camisa
Se salieron: “¡Estate quieto!”
- El primer atrevimiento permitido,
¡La risa fingía castigar! 

- Banalidades palpitaban bajo mis labios,
Besé suavemente sus ojos:
- Ella echó su cabeza suavemente 
Para atrás: “¡Oh!, es mucho mejor…

“Señor, yo tengo dos palabras a decirte …”
- Le arrojé el resto a su pecho
En un beso, que la hizo reír 
De una buena risa que quería bien…

- Ella estaba casi desnuda
Y grandes árboles indiscretos
Echaban a las ventanas sus ramas
Maliciosamente, muy cerca, muy cerca.

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