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De partidos y votos

LECTURAS

Cuando se dio la transición a la democracia en México el régimen político decidió que la participación política fuera organizada mayoritariamente en base al financiamiento público. De esta manera, los organismos electorales, federales y de los Estados, proporcionan a los partidos políticos registrados una cantidad de financiamiento público anualmente. El monto de los recursos que cada instituto recibirá es determinado en base al número de votos que reciben en la última elección.

Así las cosas, en Sinaloa, para el 2011, 2012 y 2013, la referencia fue la elección de 2010. Ahora, para 2014, 2015 y 2016, los montos se han determinado por el Consejo Estatal Electoral por los votos de la elección del año pasado. Además, se debe considerar que cuando los partidos van en coalición, en su convenio formalizan en que proporciones se dividirán los votos que cada uno reciba.

En el caso del financiamiento para 2014, la repartición del financiamiento público tuvo una recomposición de gran tamaño para al menos tres partidos: El PAN tendrá una reducción de su financiamiento público de 26% con respecto a lo proyectado en 2013 con los resultados de 2010. En el caso del PRD, con el mismo criterio, su reducción fue de 12%. Por otro lado, el Partido Sinaloense logró un incremento de 470% de su financiamiento, aún más, se sitúa como el tercer partido en montos de financiamiento público en Sinaloa.

Estas cifras muestran como la obtención del sufragio ciudadano se ve reflejado en la cantidad de financiamiento que recibe un partido. Es decir, los partidos reciben tanto dinero como apoyo ciudadano tienen en las urnas. Esas son las reglas que han fijado las leyes electorales vigentes en Sinaloa y México. Así es como se ha ido consolidando el régimen democrático estatal y nacional. En el caso local, los partidos ahora deberán de esperar al 2016 para tener una asignación presupuestal diferente, a partir de los votos que obtengan en la elección de 2016. Esa es la democracia: gana el que más votos tiene.

DE ADJETIVOS A UNA HIJA

Unos padres deben, por mandato legal, mantener a la persona que engendran. La ley establece equidad de género en esta obligación: padre y madre deben aportar, en partes iguales, al mantenimiento de la persona que engendran y sigue viva. Esta obligación es hasta los 18 años o mientras sigan estudiando. Lo último, sólo es en la medida de las posibilidades. Cada uno debe poner la mitad de lo consumido por un infante. En contraprestación, los padres pueden educar a esa persona que mantienen y proveen de alimentos. Un padre con religión católica puede inculcar, a quien mantiene, a creer que hay dios, un más allá, un espíritu santo, que hubo una virgen que fue embarazada por obra de ese espíritu, que de ese embarazó se engendró a Jesús, que ese señor resucitó y así con toda la mitología de esa religión. Si la madre es atea, tiene tanto derecho, como el padre, a educar a quien mantiene sin la idea de dios. A decirle al mantenido que no existe un más allá, que sólo hay el aquí y el ahora. A explicarle al mantenido que Jesús es un mito, así como las imágenes de la religión católica.

Por otro lado, quienes mantienen a un ser que engendraron, tienen autoridad sobre la persona mantenida. Esta se ejerce en las líneas de conducta y educación. El mantenido debe respeto a quien lo mantiene. El día que el mantenido no quiere más recibir observaciones de quien aporta su manutención, es tan fácil como salir a buscar su propio sustento. Los dos que aportan los recursos para mantener al engendrado pueden adjetivar y calificar el comportamiento del mantenido. De nuevo, si el que recibe la manutención no desea seguir atendiendo los adjetivos, es muy sencillo: renunciar a la parte que aporta el que disturba con sus adjetivos, igual y lo que da la otra parte es suficiente. Pero, sin duda, quien pone para la manutención tiene el derecho a adjetivar y calificar el comportamiento y educación del mantenido.

PÁRRAFOS: DE CHINGADA CHAMACA

Esto último, aun y cuando los adjetivos y calificativos de uno de los que mantiene al engendrado fueran, si así lo usara el que mantiene, los que usan Cervantes y el novelista y académico de la Real Academia Española (RAE), Arturo Pérez Reverte, o sus derivaciones: hijo de la puta que te parió, hija de la chingada, o bien, pendejo (aquí se trató de esto: 20/10/2013). Si la otra parte que engendró, que por ley también debe de poner los recursos para que el mantenido viva, coma y vista, piensa que esos adjetivos son "groserías" o "falta de respeto", entonces, seguramente esa parte es más educada y culta que quien creó el idioma castellano, Cervantes, y el miembro de la RAE, Pérez Reverte. Y claro, siempre podrán, la otra parte y el mantenido, prescindir de los recursos que proporciona quien utiliza los adjetivos que no gustan y vivir con la mitad que pone la otra parte. Sin embargo, mientras se provean recursos, quien los pone, dispone del derecho a usar los adjetivos que su cultura le ponga al alcance.

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