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De pechito

BAJO LA LUPA

La semana pasada se dio a conocer la noticia de que la Procuraduría General de la República investigaba a fondo a una empresa contratista de Petróleos Mexicanos y que la Secretaría de Hacienda tomaría el control de la administración.

Oceanografía es el nombre de este proveedor de Pemex a quién se acusa de defraudación fiscal por omitir pagar las fianzas de los jugosos contratos que obtenía de la paraestatal, hablándose de millones de dólares.

Esto tiene conexión con el futbol porque Amado Yáñez, propietario de este negocio, lo es también de equipos de futbol entre los que destaca el "Gallos blancos" de Querétaro.

La empresa presenta adeudos importantes con sus trabajadores y entre ellos, los futbolistas. La

Federación Mexicana de Futbol tiene contemplados los mecanismos para cubrir esa insolvencia y seguramente caerá la guillotina de la desafiliación para el cuadro queretano.

El problema es que, como siempre, el más desprotegido en estos casos es el jugador. La Femexfut permite que los clubes hagan el truco de los dobles contratos. Uno a mínimos que es el que se deposita ante la autoridad federativa y otro, el real, que contiene la neta de lo que percibe el futbolista.

Cuando se presentan este tipo de litigios, mamá federación, muy comedida, les paga a los deportistas y al cuerpo técnico pero con las cantidades que están acreditadas ante ella, cometiendo amén de un fraude, una gigantesca injusticia. Los jugadores de los "Gallos" tienen ante sí una oportunidad histórica: Si se unen para defender sus derechos, la Federación puede incautar la franquicia y venderla luego, como suele hacerlo, al mejor postor, con la ganancia que corresponde al pescador cuando hay río revuelto pero las cartas de los futbolistas no tienen por qué ir en el paquete. Soñaría uno con que nombraran un representante que negociara con la autoridad deportiva, independientemente del curso que siga la averiguación judicial, para de esa forma salvaguardar las fuentes de trabajo.

El otro peligro radica en la decisión de que como Querétaro queda desafiliado, no descienda cuadro alguno de la primera división y solo haya ascenso. De esa manera protegerían a los involucrados Atlante, Atlas y Veracruz y todos contentos. Se las pusieron de pechito.

Esta situación sería gravísima y un atentado mortal contra la credibilidad del balompié nacional. El descenso debe respetarse. Ya encontrarán otro modo de completar el número de equipos en el máximo circuito, mediante una promoción o subiendo a los dos finalistas de la división de ascenso.

Lo que personalmente me aterra de esta difícil problemática es que el "pacto de caballeros" haga de las suyas y los jugadores, que ni la deben ni la temen así como el cuerpo técnico, acaben yendo a contratarse por tortillas duras y sin cobrar lo que realmente les deben.