Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

De política y cosas peores

Cuento de actualidad. Un tipo le envió un mensaje a su amigo: "Estoy instalado ya para ver el partido México-Brasil. Pantalla de 52 pulgadas; cómodo sillón forrado en piel, con descansapiés; el aire acondicionado a 22 grados. A ver si no me corren los de la tienda". Himenia Camafría, madura señorita soltera, declaró: "Cuando yo muera no quiero que me entierren. Más bien me gustaría que me inseminaran". Dijo Babalucas: "Ahí va una helicóptera". Lo corrigió su amigo: "Es 'helicóptero'". Exclamó con asombro el tontorrón: "¡Qué buena vista tienes!". Este año se cumplen 50 de la muerte de don Efraín González Luna, uno de los fundadores de Acción Nacional y candidato de ese partido, en 1952, a la presidencia de la República. Fue hombre sabio y bueno. En muchos hombres la sabiduría conduce a la bondad. Escritor de amplia cultura y claro estilo, hizo una magnífica traducción de L'Annonce Faite a Marie, el sonoro poema de Claudel. Lo leí en mi juventud, y recuerdo que me impresionó bastante. Entonces era yo muy impresionable. Ahora lo soy más, y eso me alegra: quiere decir que todavía conservo algún rasgo de la juventud. Don Efraín, pese a haber andado en la política -lo hizo por deber de conciencia, contrariando su natural modo de ser-, era recatado: no solía revelar su ser interior. Aun así después de su muerte se encontraron entre sus papeles una páginas autobiográficas plenas de belleza y fe. Leamos un ejemplo: "Bendigo a Dios porque he vivido intensamente mi drama. Gracias a esto mis brazos se alzaron siempre hacia Él y su infinita misericordia no se cansó de perdonarme y levantarme". Y luego: "No le tocó a mi Ángel Custodio un pupilo razonable. Nunca he planeado gravemente mis jornadas ni me ha preocupado la falta de plan. He dado mucho quehacer a la Divina Providencia y a sus santos auxiliares. Dejado a mis fuerzas me hubiera desviado o consumido como corriente exigua y aislada en el desierto; pero cauces, niveles y declives me han conducido literalmente a los sitios exactos de mi misión. Confío en que Quien me llevó a ellos me conducirá también a la desembocadura en Su Mar Infinito". A esto, digo yo, se le llama esperanza. A esto se le llama pensar alto, sentir hondo y decir bien. En este aniversario don Efraín González Luna merece homenaje de recordación. Fue un buen mexicano en un tiempo en que esa especie de bondad -el verdadero amor a México- no abundaba mucho. Tampoco abunda ahora. Razón de más para evocar a este hombre sapiente y generoso. El Padre Arsilio se angustiaba porque el templo parroquial estaba urgido de reparaciones, y sus feligreses no aportaban lo necesario para cubrir el costo de las obras. Su sacristán Dimas Igestas, hombre avisado y conocedor del mundo, le dijo: "Lo que sucede, Padre, es que usted es demasiado blando, y no pone en su petición de ayuda la energía que debería poner. Este domingo, al terminar la misa, retírese y déjeme hablar a mí con la gente. Verá que yo sí le saco el dinero". Así se hizo: al acabar el oficio dominical el buen sacerdote dejó solo al sacristán con la feligresía. No pasó mucho tiempo sin que el hombre regresara con el señor cura. Llevaba dos grandes bolsas. "¿Lo ve usted, padrecito? -le dijo-. Mire". Y así diciendo vació una de las bolsas. De ella salieron billetes de 20, 50, 100,200 y aun 500 pesos. El Padre Arsilio se asombró: esos billetes eran descreídos, jamás los veía él en misa, y ahora llenaban la mesa. "¿Cómo hiciste para lograr esto?" -le preguntó, estupefacto al sacristán. Contestó Dimas. "Les pedí a las mujeres que salieran. Luego saqué la navaja que uso para capar borregos y les dije a los pelados: 'Miren, cabra de bolones: el padrecito está urgido de dinero pa' reparar la iglesia, y ustedes no sueltan ni un centavo. Al que ahora no dé una buena limosna le cortaré los testes, dídimo o compañones'. Se asustaron, Padre, y aflojaron la cartera". "¡Qué barbaridad, hijo! -se escandalizó don Arsilio-. ¡Esos no son modos de tratar a nuestro prójimo! Pero, en fin: reconozco que tu método dio buen resultado. Pero, dime: ¿y la otra bolsa?". Respondió el sacristán: "Ahí traigo los testes, dídimos o compañones de los que no dieron la limosna"... FIN.

MANGANITAS

". Mañana, juega México."

Todo mundo es hoy feliz

pensando en lo de mañana.

(Y, porque nos da la gana,

detendremos al país).

MIRADOR

Variación opus 33 sobre el tema de Don Juan.

Un periodista entrevistó a Don Juan.

Al reportero no le interesaban los amores del sevillano. Era un periodista moderno: lo que le interesaba eran las estadísticas.

Le preguntó:

-Dígame: ¿a cuántas mujeres sedujo usted?

Respondió el gran amador:

-A menos de las que me sedujeron a mí.

-Conteste mi pregunta, por favor -se amoscó el entrevistador-. ¿Cuántas fueron las mujeres que sedujo?

Replicó Don Juan:

-Aunque jamás lo olvido, nunca lo recuerdo.

-¿Cuántas fueron? -insistió, feroz, el periodista. Con un micrófono en la mano, o frente a una cámara, muchos periodistas se vuelven feroces.

-Amigo mío -concluyó Don Juan-, eso no es para contarse: es para cantarse.

Y dio por terminada la entrevista.

¡Hasta mañana".