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De tambora y tomate

LECTURAS

En la definición de que es ser sinaloense, inmediatamente viene a la mente el corrido, luego la agricultura, muestra de ellos es que las imágenes de las placas automotrices, de los dos últimos sexenios emanados del PRI, fueron una tambora y un tomate. Es algo que viene en automático a la mente: lo sinaloense es agricultura y tambora, es el corrido del que viene de donde se rompen las olas. Ahí una primera pista: el que viene de donde se rompen las olas es alguien que ve el mar en todo su recorrido. La geografía alargada del estado hace que la sierra casi colinde con el mar. En medio, los 11 ríos riegan las reducidas planicies. Así, figurativamente, el sinaloense viene de una tierra en donde las olas se ven desde el balcón de la sierra, el patio que estaba sembrado, de maíz, con las aguas que bajan profusamente por la montaña.

Ronaldo González, en su artículo "La semilla sinaloense" (Nexos julio 2012), hace un recorrido por la construcción de la identidad local. Ahí se lee como allá en la sierra se comenzó a sembrar, en el patio de atrás, la amapola. Después, vinieron otros cultivos: en el patio de enfrente, los tomates y las hortalizas; en el de atrás, la marihuana y las pequeñas pistas de aterrizaje para recibir a los amigos sudamericanos.

DEL CAMARÓN

Casi al mismo tiempo vinieron los camarones, para cerrar la trilogía de lo sinaloense. En esos tres elementos se centra lo que cualquiera que dice Sinaloa se imagina. La pesca del camarón se disparó con la posibilidad de exportar estos crustáceos. Claro, en algunas ocasiones los barcos camaroneros sirvieron para transportar lo que llegaba al patio de atrás, primero lo que se sembraba, luego lo que aterrizaba.

Así la trilogía de lo sinaloense se fue confundiendo, quiérase o no, con el narcotráfico. Para nadie, en cualquier pueblo, barrio de ciudad o puerto, era desconocido el vecino que se dedicaba a eso. Todos tenían un conocido, amigo o familiar en el tema. Ronaldo González anota la explosión demográfica del estado, en menos de 13 años la población se duplica en el estado de 1962 a 1975: Sinaloa era un pueblo chico. En la niñez, al regreso por carretera de las vacaciones familiares, cuando pasaba el letrero "Mazatlán Población 119,830 habitantes", me decía que faltaba poco para cerrar en 120 mil. Ahora, en Mazatlán hay más de 400 mil personas, más la población flotante.

DE LO SINALOENSE

El posible retrato de Sinaloa: Un patio delantero lleno de tomates, una playa en donde se ven los barcos camaroneros, un sinaloense con sombrero sentado en el balcón oyendo la banda tocar, mientras en el patio de atrás aterrizan los envíos de Sudamérica y crecen las plantas ilegales. Luego, hay que recoger los tomates, para llevarlos al otro lado, junto con los camarones y los arribos y cultivos del patio de atrás. Ese es Sinaloa. Ahí se ha ido construyendo una identidad sinaloense. De que extrañarse si el taxista trae a todo volumen el corrido alusivo al que cultiva y recibe en el patio de atrás: pasó por los caminos por donde está el tomate, va al puerto y la playa donde se baja el camarón. Ahí se encuentran unos y otros: ¿quién no se reconoce?

PÁRRAFOS: ¿ÁGUILA O SOL?

Va, como conclusión, el poema de Octavio Paz, quizá, sólo quizá, en nuestra geografía un día dejen de oírse los berridos y estruendos embrutecedores de la tambora cantando loas a los que embarazan a la que anda sola, quizá, sólo quizá, un día llega la cultura, aunque conviva con la carne asada:

"Comienzo y recomienzo. Y no avanzo. Cuando llego a las letras fatales, la pluma retrocede: una prohibición implacable me cierra el paso. Ayer, investido de plenos poderes, escribía con fluidez, sobre cualquier hoja disponible: un trozo de cielo, un muro (impávido ante el sol y mis ojos), un prado, otro cuerpo. Todo me servía: la escritura del viento, la de los pájaros, el agua, la piedra. ¡Adolescencia, tierra arada por una idea fija, cuerpo tatuado de imágenes, cicatrices resplandecientes! El otoño pastoreaba grandes ríos, acumulaba esplendores en los picos, esculpía plenitudes en el Valle de México, frases inmortales grabadas por la luz en puros bloques de asombro.

Hoy lucho a solas con una palabra. La que me pertenece, a la que pertenezco: ¿cara o cruz, águila o sol?".

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