Opinión

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GUASAVE

Por: Moisés García

Ciertamente nadie en su sano juicio pone en tela de duda el imperativo de que en Sinaloa fortalezcan el sector salud, sobre todo aquel que sirve desde un enfoque estrictamente social, como aparentemente es la idea de construir modernos hospitales en Culiacán y Mazatlán.

Abanderada la causa por el gobernador Mario López Valdez, la causa es impulsada con singular entusiasmo y para cuya concreción haría falta la aprobación del Congreso del Estado el esquema de financiamiento a través de la Asociación Público Privada; en otras palabras, con la participación de recursos de inversionistas ajenos (?) al poder de gobierno.

Pero de eso a que en el asunto, principalmente el que refiere reglas del uso y consecuencias del modelo que, hasta lo que se sabe, podría incidir en detrimento del erario, no han sido del todo muy claras, hay una distancia enorme que amerita sea precisado con la mayor transparencia posible.

A propósito de ello, el diputado Jesús Burgos, quien cuestiona severamente la pretensión de costear mediante la APPs las obras, por otro lado establece que no se cuestiona la necesidad que tiene Sinaloa de esas clínicas, y que de realizarse conforme lo dictan las normas del financiamiento que traen de moda los gobiernos, deberá ser, sin dejar lugar a dudas de subyacentes intereses que podrían animarlo, porque hasta son más las sospechas, que claridad, lo que ha levantado el proyecto.

Por lo que visualiza Burgos, se quiere levantar los hospitales con recursos públicos que no han llegado, de cuatro gobiernos inexistentes para endeudar a gobernantes (hijos y nietos) que todavía no nacen, habida cuenta que se pagaría a las empresas con dinero de las participaciones federales, lo que implica una deuda para cuatro futuros sexenios, por el monto de 13 mil millones de pesos.

Pero al margen de discusiones técnicas y números generados por el tipo de inversión, Burgos, dada su postura opositora que de alguna manera refleja la convicción de lo que pudiera esconder el esquema, ha fortalecido su liderazgo político a lo que igual han contribuido el resto de los diputados con sus actitudes de sometimiento al Poder Ejecutivo, vergonzosas actitudes, prohijadas desde luego por el "líder" de la Cámara, Jesús Enrique Hernández Chávez, para convertirlo en el más abyecto de los congresos estatales y mire que los ha habido, pero no al grado actual.

Ahora bien, en medio de la polémica del tema de la iniciativa para modificar los decretos de las AAPs en la que JBP, dejando de lado las vísceras a ultranza, argumenta con razonamientos su debate, para anotarse un buen punto en la esgrima político-mediática, luego de que el gobernador criticó a quienes no están de acuerdo con su propuesta, calificándolos tácitamente de enemigos de Sinaloa.

El asunto no llegó a mayores, pues la respuesta de quien se sintió aludido, lo único que plantea a López Valdez es tolerancia y respeto a quienes piden como él y otros líderes de opinión y sociales, exponga argumentos que convenzan de que el Estado puede soportar financieramente el pago, pero sin comprometer buena parte del desarrollo futuro de Sinaloa.

El gobernador acusó recibo y se concretó a señalar en lo que es una buena actitud de estadista que prefería respetar las voces discordantes y además que no se subiría a esa dinámica, por lo que es fácil colegir en sentido figurado, que carece de esquina, por lo que como boxeador, prefirió bajarse de encordado.