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Opinión

¿Decir “gracias” o “pedir perdón”?

Por: Ricardo Alemán

En pocos días arrancará la “segunda campaña” de Andrés Manuel López Obrador, por todo el país.

Dicen en Morena que se trata de una gira por las ciudades más importantes del territorio nacional en donde, insisten, el presidente electo agradecerá a sus seguidores el voto que, de manera abrumadora, lo llevó al poder.

Y, como saben, los estrategas presidenciales han presentado la nueva gira proselitista como un gesto de gratitud presidencial, a pesar de que está claro que asistimos a un exceso retórico en donde el nuevo presidente recurre a una fórmula clásica del populismo y, sobre todo, a unos recursos típicos del “Manual del Dictador”.

Y es que, guste o no a “los hombres del presidente”, lo cierto es que crece la percepción entre ciudadanos y entre la clase política de que el regreso de Obrador a la campaña callejera, al mitin, la concentración tumultuosa y los “baños de pueblo”, van más allá del “agradecimiento” legítimo.

Y si no es un gesto de gratitud, ¿cómo debe verse el regreso de AMLO a la calle? ¿Cuál es, entonces, el objetivo real detrás de la supuesta gratitud del presidente López?
No son pocos los políticos que en el nuevo periplo de Obrador ven, en realidad, un intento oculto para recuperar la imagen perdida por la abundancia de mentiras, contradicciones y reversa a las promesas de campaña.

Incluso, dentro del propio equipo del presidente electo crece la duda y el temor por “el fin de la luna de miel” y no faltan los que han propuesto una suerte de perdón, a manera de explicación, de los cambios radicales a las propuestas de campaña, a fin de detener la creciente percepción de que todo fue una mentira monumental.

Por eso la pregunta. ¿Deberá pedir perdón el presidente López? ¿Es cierto que se mantiene intacto su bono de popularidad? ¿Será que sus votantes aún le perdonan todo, igual que a Trump? ¿Debe pedir perdón o será suficiente con una explicación?  

Podría pedir perdón, por ejemplo, por la promesa imposible de cumplir de bajar el precio de la gasolina y acabar con los “gasolinazos”; perdón por incumplir la ayuda de 3 mil pesos a los ninis, la cual es imposible; perdón porque Morena parece empeñado en atentar contra el futuro de millones de niños, al pretender derribar la reforma educativa…

Perdón por prometer regresar a militares y marinos a sus cuarteles y, al final, no lograrlo; perdón por solapar a pillos como Elba Esther Gordillo, Napoleón Gómez Urrutia y otros; perdón por solapar las feas trampas de Manuel Velasco, gobernador de Chiapas, quien además jugó con las diputadas a las que obligó a renunciar.

Perdón por el escándalo del aeropuerto, que empieza a alejar la inversión extranjera, y perdón por no decir una sola palabra de condena a las dictaduras de Venezuela y Nicaragua.

En general, el presidente López debe una amplia explicación por aquella declaración de que “una cosa es prometer en campaña y otra cumplir”. Y es que si no aclara, será igual a todos aquellos que criticó.

¿Deberá decir “gracias” o “pedir perdón”?

Al tiempo.