Opinión

Decir la verdad a los hijos

Por: Norma Campos

De alguna manera, y quizás mucho por la fuerza de la costumbre, de lo que vivimos y por lo tanto aprendimos muy bien, puede ser frecuente que los padres “dibujemos” a los niños la verdad y nos quedemos cortos. Con el pretexto de que “aún no tienen edad” a veces solemos dar respuestas o hacer comentarios que no muestran una realidad, o bien, que no le brindan una comprensión que les ayude, ya sea a tranquilizarlos, ya sea a formarlos…

Por ejemplo, tomemos el caso de los niños pequeños. Por muy corta edad que tengan, incluso pensando en que aún no cumplan un año y puedan expresarse, los niños necesitan respuestas. Pero no tenemos que esperar a que planteen sus preguntas, es importante saber y conocerlos, y comprender que ante situaciones que ellos muestran a través de esas únicas formas que tienen los bebés para comunicarse (el llanto o la enfermedad), lo que necesitan son explicaciones

¿Dónde quedó ese niño tan bien portado? Buscamos respuestas, y resulta que no solamente somos nosotros quienes las necesitamos: los niños necesitan respuestas, son momentos de la verdad. Porque si podemos entrar en contacto con el mundo emocional de ese bebé quizás sería más fácil que al verlo inquieto, al escuchar su llanto, le dijéramos algo que sonara a verdad: “Sé que me has extrañado durante el día y ahora solo quieres estar conmigo…” y tal vez agregar algo más que al bebé le sonará a “gloria”: “yo también te he extrañado”, por supuesto, solo si esto es verdad.

En cualquier edad es necesario y es nutriente para los niños escuchar a los padres decirles la verdad. Tomemos el caso de un niño o niña que sale de casa y es entregado en la escuela en un ambiente de tranquilidad, con una mamá feliz que le ha brindado atención y cariño. Otra respuesta que le otorgue a su hijo la responsabilidad de su propio mal humor. Esta ambivalencia trastorna a los niños, y además los carga. ¿Por qué no decir simplemente la verdad? “Hoy tuve un día muy difícil y, sí, me siento impaciente”.