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Opinión

Del Estado, la salud y la democracia

Por: Rigoberto Ocampo

Para cada mexicano que nace, hay vacunas en el sector salud del gobierno federal y de los estados. Es un derecho de los niños mexicanos que el Estado mexicano ha cumplido. La cartilla de vacunación es un documento de seguridad social de los niños mexicanos. Es el reconocimiento que el Estado da a cada infante para que pueda llevar por buen camino su protección del medio ambiente. Freud expone que las tres causas del malestar del hombre son: el medio ambiente, el propio cuerpo y los otros. La cartilla de vacunación permite a los niños mexicanos proteger sus cuerpos de de amenazas letales del medio ambiente. Expresadas en bacterias, virus y micro organismo que producen enfermedades que pueden llegar a ser mortales. Antes de tener que hacer uso de los servicios médicos públicos o privados, el Estado da a los niños mexicanos la oportunidad de protegerse de esas amenazas del medio ambiente. 

El observar ese pequeño documento que debe ser parte del cuidado de la familia mexicana, cualquiera que sea el nivel socioeconómico, se puede sentir el poder del Estado. La omnipresencia del contrato social. Ahí está la protección de los niños mexicanos todos los días. Para todos. Nadie está excluido, sin importar su religión o credo, sus ingresos, su cultura o nivel educativo. Todos los niños mexicanos tienen el derecho y acceso a ese pequeño y vital documento. Es la construcción de instituciones que da pauta para crear otras. Que dan, al final, una democracia. En donde esos niños mexicanos que se hacen, 18 años después, ciudadanos, decidirán con su voto quién los va a gobernar. Quién va a hacer las leyes y escoger a los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Es la construcción, con ese voto, de los tres poderes de la unión: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. La separación de poderes es realidad por ese voto ciudadano. Ahí está el poder del voto y de esa cartilla de vacunación que permite a los niños vivir para ser ciudadanos que ejercen el derecho a votar. 

DE REELECCIONES FALLIDAS 
En Sinaloa en las pasadas elecciones se dio por primera vez la posibilidad de que un alcalde o un diputado local se presentaran a la reelección. El resultado fue contundente: sólo un par de diputados locales de mayoría relativa y ocho presidentes municipales lograron la reelección. Además, cabe la mención que los ocho alcaldes reelectos fueron en 8 municipios que representan sólo el 21% de la población del Estado. Mientras que del resto de los alcaldes que no lograron reelegirse, en sólo cuatro municipios representaba el 66% de la población de Sinaloa. Es decir, en una quinta parte repartida en 8 opciones, estuvieron de acuerdo con la gestión municipal. En cuatro opciones, que son las dos terceras partes de la población sinaloense la reelección fracasó. En el caso de los diputados locales fue aún más alto el rechazo. Pues los dos diputados reelectos tienen en sus distritos una representación de sólo 8.8% de la población estatal.

Una de las lecciones de esta elección es que la democracia en México y Sinaloa ya está funcionando como una herramienta de rendición de cuentas para los funcionarios electos. Los ciudadanos ejercieran, el derecho al voto, para evaluar a sus representantes. Es un hecho que a quienes no favoreció el voto, no son quienes los ciudadanos quieren que legislen o gobiernen. Ahí están los resultados para quién tenga alguna duda. Mención aparte merece el regreso al puesto dejado en licencia. Por un lado, está el papel de algunos alcaldes que han manifestado, hasta ahora, que no se reintegrarán a sus puestos después de perder la reelección. Y, por el otro, el de la mayoría de los diputados locales, que perdieron su reelección, y sí lo han hecho. 

PÁRRAFOS: DE DISYUNTIVA HISTÓRICA 
Lo que estará en la arena de discusión en los próximos meses en México será una vieja disyuntiva de la historia nacional: el federalismo versus el centralismo. Desde que surgió la Nación mexicana está la discusión entre el orden político que debe prevalecer en el país. La definición constitucional dice que somos una república federal integrada por 31 entidades federativas y la Ciudad de México. Pero desde la primera república federal, en 1823 después del imperio de Iturbide, hasta la fecha las tensiones entre el federalismo y el centralismo han sido una constante en el ejercicio del poder en México. Llegando inclusive a guerras civiles y a que se cercenara el territorio nacional. La mayoría histórica de Morena en la Cámara de Diputados y el Senado volverá a sacar a flote esa tensión en el ejercicio del poder. Uno de los argumentos de mayor peso será la eficiencia del sistema electoral: su centralización tuvo como resultado el triunfo de un candidato presidencial que no había ganado en dos ocasiones. Por otro lado, llevó a una hegemonía legislativa en los estados de la República no vista en el México de la transición democrática. En Sinaloa, por ejemplo, el congreso local tendrá mayoría calificada el frente político encabezado por Morena. Algo que, me dijo un amigo historiador, no ocurría desde hace varios sexenios, allá en el hoy, lejano, siglo pasado.
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