Opinión

Delirio de grandeza

BANDERA

Por  Rodolfo Peña Fárbel

Andrés Manuel López Obrador.(Reforma)

Andrés Manuel López Obrador. | Reforma

El dizque presidente de México, el ya tan renombrado y exhibido López Obrador, está enfermo, evidentemente, de lo que en medicina se llama “megalomanía” y en términos filosóficos se llama “tendencia al valimiento” y en lenguaje común es simplemente un abrumador complejo de inferioridad que motiva todas sus actuaciones.

Es muy triste admitir esta realidad que afecta a la nación, porque lo ideal es que los pueblos gocen y prosperen bajo la sabia y eficiente guía de gobernantes ilustres y confiables.

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Antes de este nuevo López, gobernaron a México otros 4 López: Diego López Pacheco, virrey (1640), Antonio López de Santa Anna (once veces presidente entre 1833 y 1855), Adolfo López Mateos (1958) y José López Portillo (1976), todos ellos indeseables e infames canallas indignos, como se ostenta obsesivamente nuestro nuevo López Obrador.

Claro es que existen muchos López que son honorables e inteligentes, que no son como los aquí citados, los cuales deshonran el apellido López, como Enrique Peña Nieto deshonra mi propio apellido Peña.

Entre los indicios que delatan los desatinos de López Obrador están su aparente ubicación en la masonería y sus relaciones políticas-religiosas con el pastor Arturo Farela, director de una agrupación llamada Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas (Confraternice) y con el señor Hugo Eric Flores del partido Encuentro Social conformado en gran parte por protestantes que se dicen “evangélicos”.

Estos datos fueron tomados del libro AMLO y la religión, de Bernardo Barranco y Roberto Blancarte, de Editorial Grijalbo, en que se hace una minuciosa descripción del asunto.

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