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Democracia patito

Cada vez que se presentan los informes de organizaciones internacionales sobre la situación de los derechos humanos en México suceden al menos dos cosas, una rápida respuesta defensiva del gobierno federal y la comprobación de que hace falta algo más que buenos discursos en Davos para cambiar la terrible realidad violencia y corrupción que campea en el país.

Independientemente del partido en el gobierno, la violación de derechos humanos sigue lastimando a los ciudadanos. Human Rights Watch (HRW) presentó su informe anual y la evaluación se hace sobre el primer año de gobierno de Peña Nieto, sin dejar de lado el rezago del sexenio anterior que se agudiza en un ciclo que parece no tener fin. Para HRW una democracia tiene al menos tres elementos que se necesitan, elecciones periódicas, estado de derecho y respeto a los derechos humanos. Algunos analistas consideran que este último es como el ADN de un sistema democrático.

1) Ya sabemos que a la clase política le interesa de forma primordial la lucha electoral, a tal extremo que tienen más de 35 años modificando las reglas de juego para tener una competencia por el poder con las mayores ventajas posibles: mucho dinero público al grado de que ese recurso lo hicieron el único gasto que está en la Constitución. Hace unos días el IFE aprobó 4 mil millones de pesos para el gasto de los partidos políticos, en un año en donde casi no habrá elecciones, pero se declara "incompetente" para sancionar la promoción personal mediática de los políticos.

2) Con la situación que se vive en Michoacán y en otras partes del país (Tamaulipas, Guerrero, Chihuahua, etc.), captura y control del crimen organizado, podemos ver que el estado de derecho es una aspiración general porque sólo se aplica de forma selectiva para los sectores sociales que tienen recursos de defensa. Las cárceles están llenos de pobres que cometen delitos completamente menores y están en una prisión por no tener cómo defenderse.

3) En el informe de HRW los derechos humanos están en la lona. La administración panista dejó una "crisis humanitaria", entre otras cosas, por la desaparición de 26 mil personas. La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) investiga actualmente 2,443 desapariciones en donde están involucrados agentes estatales. El gobierno de Peña Nieto ha promovido algunas acciones como la ley para víctimas y la comisión respectiva, pero sus resultados son muy pobres. Al problema se añaden las tumbas clandestinas en la frontera de Jalisco y Michoacán, que expresan el horror que ha dejado la guerra contra las drogas en México. Como parte de la crisis humanitaria se tienen datos sobre abuso militar e impunidad: de los 8,150 casos que revisa la CNDH, la oficina del procurador militar investiga 5,600 casos, de los cuales sólo 38 han recibido sentencia, según HRW. De la misma forma sucede con los cientos de casos de tortura, mecanismo que permanece como práctica cotidiana.

Los derechos humanos necesitan estar protegidos por un sistema de impartición de justicia eficiente. Pero en México hay fallas graves de corrupción, procedimientos inadecuados y complicidades entre la autoridad y los acusados. La reforma penal que está en proceso marcha como tortuga porque de los 32 estados sólo en tres hay una implementación plena del nuevo sistema penal acusatorio y oral; 13 estados están a medias y el resto quién sabe. Hay piezas pendientes como la modificación del mecanismo de arraigo que pasa de 80 a 35 días, que falta su aprobación en el Senado. La situación de las prisiones es lamentable, hay un control del crimen en 65% de ellas.

La enumeración sigue. En materia de libertad de expresión continúa el terreno minado, 85 periodistas asesinados entre el año 2000 y 2013 y 20 más han desparecido entre 2005 y 2013. HRW también revisa la violencia de género en contra de mujeres, la amenaza sobre los derechos reproductivos y los matrimonios del mismo sexo, porque el DF sigue siendo la excepción en el país. Sobre derechos laborales tampoco hay avances, se violenta la materia del trabajo por la tendencia pro-empresarial de los sindicatos y la simulación de los contratos de protección que impide una contratación colectiva real, que se ha vuelto un ave rara en México. La situación de los migrantes centroamericanos es una vergüenza, porque mientras se reclama un trato humanitario a Estados Unidos, aquí se violentan los derechos de miles de centroamericanos que cruzan el territorio nacional como si fuera un campo minado.

En derechos humanos se necesitan resultados y no sólo bonitos discursos. Seguimos siendo un país con una democracia patito…

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