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Democracia: único camino para la izquierda

La llegada de Michelle Bachelet a la Presidencia de Chile ofrece una nueva oportunidad de mostrar que la izquierda puede gobernar y hacer avanzar sus programas sin vulnerar las instituciones fundamentales de la democracia. A diferencia de lo que ha pasado en Venezuela y en menor grado en Bolivia y Ecuador, el programa de gobierno de Bachelet no busca aplastar dichas instituciones sino actuar dentro de ellas.

¿Cuáles son esas "instituciones fundamentales"? La inclusión de todos los miembros del demos, el voto de la ciudadanía para elegir representantes, elecciones periódicas y competitivas, información para incidir en la agenda pública, los principios mayoritario y contramayoritario, la división de poderes y otros mecanismos de pesos y contrapesos al poder político, las libertades y derechos humanos, así como las instituciones encargadas de su práctica y su protección.

Si bien esas instituciones fundamentales no son necesariamente suficientes y requieren complementos adicionales de principios y procedimientos en la estructura constitucional y en la operación de las instituciones, estos no deberían enderezarse contra ellas en ningún momento. Cuando esto ocurre es porque se hace presente en la dirigencia política una concepción negativa sobre esas instituciones. Una de las fuentes más extendidas y ordinarias entre dirigencias de izquierda de esas concepciones negativas devienen del error de Marx y Engels en el "Manifiesto del Partido Comunista" cuando afirmaron que: "El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa". El Manifiesto data de 1848, durante la ola de revoluciones obreras que recorrieron Europa. Más tarde Friedrich Engels, observando la experiencia de la socialdemocracia alemana rectificó esta concepción en su famoso prólogo de 1895 al opúsculo de Marx: "Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850". Y concluyó que la transformación socialista podía lograrse por la "vía parlamentaria" reconociendo que la democracia no es resultado del dominio de la burguesía, sino un sistema institucional más complejo donde se procesa la negociación de múltiples intereses. Karl Kautzky, líder de la Segunda Internacional de los Trabajadores tomó como guía de acción las conclusiones de Engels, pero el empeño de su partido en esta dirección se vio frustrado por los acontecimientos trágicos que llevaron a la Primera y luego a la Segunda Guerra Mundial. En la coyuntura de la "Gran Guerra", Lenin desarrolló una lucha sin cuartel contra las concepciones de la socialdemocracia alemana mediante un esfuerzo por "restaurar" la "verdadera" doctrina marxista sobre el Estado y la revolución (para hacer arqueología, véase su panfleto del mismo nombre), haciendo a un lado de la ideología socialista cualquier posibilidad de convergencia entre este movimiento y la democracia. De toda esta sucesión dramática de disputas conceptuales surgió la estrategia para la construcción del Estado soviético que resultó, a su vez, en la experiencia totalitaria más atroz del siglo XX, junto con la pesadilla nazi-fascista que afortunadamente tuvo menor duración.

Al igual que el mercado, la democracia no pertenecen a una clase social o a un sistema económico. El mercado es tan antiguo como la civilización y seguramente sobrevivirá al capitalismo. La democracia es una forma de gobierno que transparenta y permite el control del poder político. La democracia es el único método de gobernarnos que minimiza el daño mutuo en la convivencia.

La única forma consistente de hacer avanzar los planteamientos de la izquierda es dentro de y no contra la democracia. La otra condición es que la izquierda desarrolle ideas nuevas, lo que resplandece por su ausencia.