Opinión

Desastre anunciado

GUASAVE
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Por: Moisés García

Sin dejar de pensar en ir en auxilio de los damnificados que en Las Glorias dejan los incontrolables oleajes del Mar de Cortés, producto del mal tiempo, es necesario también que se pongan los pies sobre la tierra.

Para empezar aunque se debe admitir que el balneario para los guasavenses por sentimentalismos resulta en materia de solaz lo más emblemático y cercano con lo que contamos y un recurso natural del que podemos disponer y disfrutar sin más taxativas que nuestras propias limitaciones, no es un paraíso.

Y si bien las playas Las Glorias, son, guardadas debidas proporciones, lo que para los del sur representa Mazatlán, por lo que no en balde lo que ocurre a casatenientes y restauranteros, por efectos de la temporada de huracanes, adquiere cariz de tragedia compartida por todos, es crónica de un desastre anunciado.

Sin embargo por elemental sentido común, también debemos reconocer que el centro de recreación del que disfrutamos, con más intensidad los días de Semana Mayor, no pasará, por mucho que lo queramos, de ser un punto de paseo estrictamente regional, es decir para visitantes de magra potencialidad económica lo que en consecuencia entorpece cualquier posibilidad de desarrollo para hacer del balneario un pujante "destino turístico".

Las Glorias, por muchos factores, pero principalmente por las aguas broncas del río Sinaloa, que desembocan en mar abierto y cuyas corrientes jalan hacia la derecha, convierten las que un día fueron anchurosas playas, en una zona sucia, escasamente apta para bañistas o para decirlo más claro, impropias y faltas de atractivo para el llamado "turismo de altura".

Será difícil, que el gobierno federal, el único que podría canalizar inversiones para forzar expectativas, sentimos mucho decirlo, que Las Glorias no tiene, no al menos más allá de las modestas que desde su nacimiento hasta la fecha ha logrado.

Es entonces a partir de una visión y proyectos objetivos, que las autoridades deberán enfocar sus esfuerzos para lograr la rehabilitación urbana de aquel poblado, que insistimos, dista mucho de ser paradisiaco, aunque para nosotros tenga esas características,

Es una comunidad, cierto, que debe tener atención oficial en sus servicios básicos, lo mismo que el sector restaurantero que ofrece servicio periódicamente a los guasavenses que gustan de distraerse y respirar aire puro, porque de alguna manera son parte del engranaje y dinámica, social y económica.

Por su lado, el gobierno federal a gestiones del alcalde Armando Leyson y el propio gobernador Mario López Valdez, en lo que seguramente están atareados, deberán atraer obras de defensa para aminorar los riesgos de los desastres que genera la naturaleza, sobre todo en estas épocas.

Por lo demás, no esperemos pues, que al calor de la desgracia material que viven decenas de guasavenses que tienen asentados sus intereses y patrimonios en Las Glorias, el Ayuntamiento o cualquier otro nivel de gobierno vaya a producir un milagro y la infraestructura para crear un modelo turístico, donde las condiciones para ello no son propicias.

Los restauranteros tendrán finalmente que convencerse que ya no es posible seguir desafiando a la naturaleza, no al menos sin correr el peligro de que de nuevo y a la vuelta de un año los arrastre la marejada.

En lo mismo deberán cobrar conciencia los casatenientes que construyeron cerca de la playa, porque puede ocurrir otra vez, con todo y que siembren los suficientes "espigones", que dizque para contener los caprichos de los temporales, pues ni los huracanes ni los ciclones tienen palabra.