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Día del Maestro

DESDE LA CONFRATERNIDAD

El pasado jueves se celebró en todo el país el día dedicado a los maestros; en esta ocasión dentro de la vorágine que se ha formado alrededor de este sector en los últimos meses y que enrareció de alguna forma los festejos. La detención y encarcelamiento de la dirigente nacional, la reforma educativa, los desmanes de miembros de la CNTE y recientemente el informe presentado por el Inegi, dando a conocer la existencia de maestros aviadores, de miles de comisionados que no trabajan, además de aquellos con doble y hasta triple plaza, aunado a los eventos recientes de líderes sindicales que celebran su cumpleaños con la asistencia de hasta 5 mil invitados, crearon un ambiente negativo en este su día. Sin embargo, no todo está mal en el sector magisterial, en el que laboran miles de profesores con una real y positiva vocación por la enseñanza; que se preocupan por impartir una educación de calidad y por los problemas personales y familiares de sus alumnos. Maestros que recorren diariamente grandes distancias para llegar a la escuela urbana o rural a la que han sido asignados, y en la que carecen de la infraestructura, el equipo y los materiales adecuados para la impartición de clases. A ellos quiero dedicar esta colaboración de hoy, y principalmente a aquellos que me enseñaron las primeras letras y que no obstante haber transcurrido tantos años, guardo de ellos muy buenos recuerdos. Disculpándome por anticipado por la posible omisión u olvido de alguno, me remonto hasta mis primeros años de educando en el kínder (jardín de niños le llaman hoy), el cual cursé en el periodo comprendido de 1948 a 1950, en una casa ubicada en la calle Ferrocarril el primer año y en otro inmueble por la Dr. De la Torre, entre la calle Ferrocarril e Independencia, el segundo. En este ciclo escolar tuve la fortuna de disfrutar de la austeridad de Concha Uranga, la directora del plantel, la amabilidad de Aurora Meraz, de la siempre joven Esther Alcalá y de la belleza de Amadita Hurtado. Los estudios primarios los realicé en la Escuela del Centro, teniendo como maestra en primer grado a la guapa y elegante Luz Ruiz. En el segundo curso recibí instrucción de la siempre amable Conchita Moreno; en el tercer grado fue mi maestra la inolvidable "Seño Tachita", enterándome con el tiempo que no fui el único que se enamoró de ella. José Humberto Choza, Carlos Aguilar y Octavio Camacho, entre otros, declararon en cierta ocasión el gran amor que les inspiró nuestra querida "Seño Tachita". En el cuarto año sufrí en incontables ocasiones los reglazos de la Seño María Sánchez, en un grupo integrado sólo por alumnos del sexo masculino, frente al aula del mismo grado compuesto exclusivamente por mujeres, a las que aleccionaba la siempre bien recordada Emilia Cota. En el quinto año iniciamos con la profesora Ramona "Monchi" Acosta, quien fue sustituida por la recién egresada de la Normal de Sinaloa, la Srita. Silvia Tiznado Flores, con quien concluimos el curso correspondiente. Cerramos el ciclo en la escuela primaria con el Profr. Julián Astts Saldaña como maestro del sexto año. Hombre seco, serio, pero con un gran corazón que entregaba año tras año a sus alumnos, siempre vigilados por la sólida mirada del Profr. Samuel M. Gil Esparza, director de la escuela durante muchos años. Para todos, los que ya se fueron de este mundo y para los que aún viven, el cariño y admiración de sus exalumnos en este su día. ¡Felicidades!

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