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Diálogo en el infierno

POLIARQUÍA

Maurice Joly fue un abogado y satirista francés del siglo XIX. Escribió una obra de ficción que bautizó como "Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu". Ahí pone frente a frente a dos filósofos ante la realidad de un estado moderno donde impera la corrupción y la incipiente democracia.

Nicolás Maquiavelo, nació en Florencia y murió en 1527. Su libro más famoso, "El Príncipe", fue publicado cuatro años después de su muerte. Montesquieu, francés, murió en 1755. Escribió "El espíritu de las leyes" en 1748, que fue su obra más famosa.

Sería muy interesante imaginar un nuevo diálogo entre estos dos personajes, pero ahora en pleno siglo XXI. ¿De qué hablarían? ¿Qué interpretación harían de la historia y de la condición humana? Aquí la conversación imaginaria.

Montesquieu. Estimado Maquiavelo, me dijiste en nuestra última conversación que jamás pensaste en que llegara a la imprenta tu tratado sobre El Príncipe, pero mírate ahora que eres un clásico de cinco siglos.

Maquiavelo. Lo mismo podría preguntarte a ti con "El Espíritu de las leyes", que te llevó 20 años en escribir.

Montesquieu. ¿Qué tan útiles pueden ser nuestros libros, ahora que las ideas políticas parecen cosas del pasado? ¿No crees que actualmente se gobierna más con la fuerza y menos con las ideas?

Maquiavelo. No lo creo así. Déjame recordarte algo que escribí en otro libro del que se habla poco, pero para mí es el más importante.

Montesquieu. ¿Te refieres a los Discursos de la primera década de Tito Livio?

Maquiavelo. Así es. Dice así la frase: "El que estudia las cosas de ahora y las antiguas, conoce fácilmente que en todas las ciudades y en todos los pueblos han existido y existen los mismos deseos y los mismos humores; de suerte que, examinando con atención los sucesos de la antigüedad, cualquier gobierno republicano que prevé lo que ha de ocurrir, puede aplicar los mismos remedios que usaron los antiguos, y de no estar en uso, imaginar los nuevos, por la semejanza de los acontecimientos"

Montesquieu. ¿Eso quiere decir que nada ha cambiado? Es decir, ¿con esa frase sugieres que en todas partes, en todos los tiempos, y en todos los sistemas políticos los remedios para resolver los problemas son más o menos los mismos?

Maquiavelo. Es que la condición humana nunca cambia. Todas las personas, y en ello por supuesto van los políticos, han sido y siguen siendo presas de sus pasiones y egoísmos; de sus soberbias y de sus envidias. El poder es una síntesis de todas las controversias humanas. La política no hace más que equilibrarlas para que convivan más o menos con civilidad. Por eso cuando la política falla viene la guerra.

Montesquieu. Pareciera que te has estancado en el pasado. Hoy podemos decir que después de dos mil 500 años, la democracia ha triunfado y eso es una buena noticia para la humanidad. Es más: es su logro más grande.

Maquiavelo. Y lo celebro. Pero recuerda que ya la democracia ha fracasado en varias ocasiones. Falló en Atenas hace más de dos siglos y falló dos veces en la primera mitad del siglo pasado lo que provocó dos guerras mundiales. ¿Qué me hace suponer que no vuelva a fallar de nuevo? La política nunca debe dar por terminada su tarea. Esa es precisamente la lección que da la historia: cada fortaleza engendra su propia debilidad. Cada logro genera su propia contradicción.

Montesquieu. Sigues siendo un pesimista de la historia.

Maquiavelo. Digamos que soy un optimista venido a menos.

[email protected] twitter: @guadalupe2003