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Dicen que miente

NUESTRA OPINIÓN GUAMÚCHIL

La líder de los desplazados Esperanza Hernández no tiene temor a alzar la voz por sus representados y decirle al gobernador mismo, que no está atendiendo de alguna manera las peticiones que se le han venido haciendo desde aquel terrorífico enero del 2012, cuando las familias huyeron aterradas por el brote de violencia que se vivió en sus comunidades, donde no todos pudieron salir con vida.

Allá quedaron sus ilusiones y propiedades, es por ello que a la lideresa se le hace nudo la garganta al enterarse de las declaraciones del titular de la Sedeshu, Juan Ernesto Millán Pietch al argumentar que sí se les ha atendido.

Pero debe hacerla rabiar más, el hecho de que el funcionario, quien se menciona como carta fuerte para contender por la gubernatura, no tenga tiempo para atender sus demandas, recibirla en su oficina pero sí para asistir a actos deportivos y patrocinar una serie de equipos a lo largo y ancho del estado.

Pero independientemente de que si Juan Ernesto la atiende o no, esto va mucho más allá, pues los desplazados no tienen realmente nada, los problemas económicos, sociales, psicológicos que los aquejan son demasiados y lo peor de todo es que no pueden volver porque el gobierno mismo no les da garantía de seguridad para hacerlo y menos las viviendas.

Ni Malova, ni Peña Nieto y mucho menos un gobernante municipal lo ha realizado, porque la estructura social está realmente podrida, detrás de esto, hay intereses, algo más fuerte y poderoso que no se solucionará porque ni gobierno y mucho menos la sociedad han podido hacerle frente. Hay que renocer que el estado de derecho ha sido rebasado por el crimen organizado debido a la permisibilidad y a la corrupción.

Lo cierto es que la falta de implementación de valores en la sociedad es lo que ha desencadenado la corrupción, provocando un daño colateral que no parece tener fin.