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Diego Luna: activismo a pantalla

Elegir una historia para llevarla al cine debe implicar muchos cálculos económicos y suficientes pronósticos de audiencia. Diego Luna eligió narrar la vida de César Chávez, el activista mexicoamericano que consiguió hacer realidad los derechos laborales para los campesinos. Así que apostó más por la urgencia de ofrecer un referente de lucha social pacífica, que no sólo disloca el estereotipo de los paisanos que una vez llegados a tierra estadounidense se olvidan de su identidad de origen, sino que quiebra la idea de la sumisión de los migrantes.

El filme de "César Chávez" consigue además dotarnos de un contagioso sentimiento de victoria que últimamente el cine mexicano mantenía furtivo, entre relatos de penumbra en donde difícilmente se colaba algún rayo de luz.

En la presentación de la película que realizó Diego Luna con la embajada de Estados Unidos, el martes pasado, estuvo presente Dolores Huerta, la esposa de Chávez. Solo mirarla a sus 84 años con tal frescura y vigor, genera compromiso. En 1962, ella, de la mano de César, cofundó la Asociación Nacional de Trabajadores del Campo que después se convirtió en el Comité de Organización de los Trabajadores del Campo y más tarde en los Trabajadores del Campo Unidos.

Entre las enormes hojas de parra que se enredan en los viñedos, se asoman los ojos negros de un niño de piel tostada —No te pagan lo suficiente, ven, acércate— le dice Dolores para convencerlo. Era uno de tantos menores que trabajaban para la empresa de vinos "Schenley Wine Company". Chávez y su equipo dedicaban sus días a organizar a los campesinos migrantes y a enseñarles cuáles eran sus derechos y cómo defenderlos.

La película de Luna rememora esos días largos de huelga, desesperación contenida y resistencia sin violencia en la que Chávez fungió como un líder de los que necesitamos más. Sin rayar en la añoranza caudillista, queda claro que un elemento indispensable para el éxito de esta lucha, fue la solidaridad social. El movimiento de Chávez apoyado por la comunidad de consumidores que se negaron a comprar uvas y vinos de esa marca, consiguieron que por primera vez los trabajadores del campo, entablaran un contrato colectivo que respetaba sus derechos.

Cuando le pregunto a Dolores ¿qué factores considera que son la clave para la articulación social? Ella responde con contundencia que las mujeres hacen la diferencia. Así fue, si las amas de casa en Estados Unidos, no hubieran sido conscientes de su poder como consumidores, hubiera sido aún más complicado detener las injusticias a las que estaban expuestos los trabajadores del campo. Pero juntos supieron comunicarlo y extenderlo más allá de Estados Unidos. Diego añade que esa pregunta también pasa por su mente, sobre todo ahora que contamos con tantas herramientas para comunicarnos y organizarnos colectivamente.

Mostrar en pantalla grande el empeño que no cede, la lucha pacífica con pocos recursos, la solidaridad gremial y sobre todo apoyo social sin contemplaciones, es sin duda una forma creativa de hacer activismo. Diego nos invita a ver la película y a que la vean los niños mexicanos. Verla es un buen comienzo para sembrar las semillas aspiracionales que tengan en el centro de las acciones la reducción del sufrimiento humano.

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