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Dios masón

SAPIENZA

A pesar de las negativas sobre que la masonería es una religión, Albert Pike, grado 33, llamado el Platón de la Masonería Libre, nos ilustra al respecto al escribir que cada logia masona es un templo de religión y sus enseñanzas son instrucciones de religión. Sin embargo, el nombre de su deidad se mantiene oculto para todos, salvo para unos cuantos iniciados de los niveles más altos. Simplemente se le llama el Gran Arquitecto del Universo, un nombre que difícilmente podría ofender a alguien, pero conforme se avanza en los grados masones la suavidad del título disminuye. Otro líder masón, Albert Mackey, dice que este dios lo mismo está con el musulmán, el hindú, el judío, o el cristiano en sus lugares de adoración. Una aseveración así nos hace pensar que un dios tan universal y poco selectivo tal vez también esté presente en los ritos satánicos mientras se lleva a cabo un sacrificio humano. En su Enciclopedia Masónica, Henry Coil dice que cada hombre debe decidir sobre quién es su dios, y los masones han decidido no escoger un dios como el hebreo, con quien podían hablar y discutir, pero que para los masones es partidista. Los masones han decidido escoger un dios universal sin denominación alguna, a quien los masones han despojado de todo atributo humano para no privarlo de su esencia divina. Un dios lejano para que los humanos no lo puedan alcanzar. Sin embargo, por muy divino que pudiera ser ese dios, si se le despoja de atributos como la misericordia, el amor o la justicia no será un dios personal que pueda relacionarse con sus feligreses, ni satisfacer sus necesidades. Manly P. Hall, otro escritor masón, nos amplia el conocimiento al escribir que para su religión universal, la masonería, el nombre es lo de menos, pues el masón adora en todos los santuarios y se postra ante todos los altares. Dada la secrecía con la que se maneja la masonería, se ignora si un dios así puede satisfacer las necesidades espirituales de sus miembros. Sin embargo, para el lego y todo aquel que se encuentra en los grados inferiores de la masonería, quedan preguntas por contestar. Por ejemplo: ¿Por qué adorar a un dios impersonal, carente de atributos, y tan lejano al que se vuelve imposible de alcanzar? Y otra. Ese dios tan lejano con el que no se puede hablar, ¿se dignará al menos escuchar, y conceder, las peticiones de quienes llegan en un momento de suma necesidad?