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Disfuncionalidad

GUASAVE

En plena "luna de miel", cuando apenas se tienen escasos 12 días de iniciada la administración municipal, vive con los guasavenses y cuya percepción es que en algunos servicios públicos han mejorado sensiblemente, siguen las manifiestas fallas en el renglón de la seguridad pública.

La sensación que en tal sentido guarda la sociedad remata evidentemente en un desempeño eficiente del o los responsables del área y ello debe "prenderle" los focos rojos al alcalde Armando Leyson, para que se tomen medidas pertinentes, como se están aplicando en la Dirección de Tránsito.

De hecho el problema de la inseguridad en Guasave ha sido la constante, no de ahorita, ciertamente como ya se ha venido señalando desde años atrás, ya que lo mismo ha ocurrido en los pasados trienios.

El asunto es que desde que se militarizó la Dirección de la Policía Municipal los índices delictivos han ido a la alza, porque, hay versiones de que las relaciones de la jefatura principal y algunos mandos intermedios, afines a aquel, con la gleba policial, no son las mejores, motivo por el cual, en las tareas de prevención existe un grave relajamiento.

Con mejores sueldos, un parque vehicular, en condiciones más o menos regulares, con capacitación técnica y profesional, la Policía no ha logrado, no digamos acabar con la delincuencia, pues eso es algo mítico, sino que ni siquiera ya bajo esas condiciones de equipamiento ha podido reducir los índices a límites tolerables.

Si el ambiente en el que desarrollan tan delicada labor ha mejorado por las inversiones en ese rubro y esto no ha funcionado, quiere decir entonces que las fallas deben buscarse en otros aspectos de la actividad policiaca.

Es necesario que el alcalde tenga un conocimiento más profundo de lo que pasa hacia el interior de la corporación, pero no con base en lo que le informen las partes con interés, sino sobre una auditoría externa que determine bajo qué ambiente se conservan las relaciones entre altos y medios mandos con la gendarmería.

Sería oportuno que Leyson, o en su caso el secretario Felipe de Jesús García se preguntaran, pero además alguien les respondiera con estricto apego a la verdad, por ejemplo, si los coordinadores operativos y el propio titular de la DSPM han modificado o mantienen la misma conducta que los caracterizó en el trienio pasado, en el trato con sus subordinados.

Saber tambien si efectivamente las relaciones que entre ambas partes hasta hace poco eran ásperas y degeneraban en frecuentes fricciones, se han compuesto, siguen igual o han empeorado.

Desde este espacio no se pueden contestar esas preguntas, sin caer en el subjetivismo, pues no nos consta que sea parte del problema de una alta incidencia delincuencial, pero sí podemos decirle que por informaciones filtradas desde adentro, la rivalidad de los policías rasos con los jefes no ha mejorado y por lo tanto no se descarta que tal sea el motivo de los desajustes que permiten que todo en la Policía ande suelto e impidiendo la articulación de las acciones para combatir el hampa.

No es remoto que a raíz de esos desencuentros estuvieran provocando el entorpecimiento mutuo de las estrategias, por lo que el presidente municipal debe involucrarse de lleno y ordenar una investigación que le ofrezca un panorama claro y contundente sobre las causas de la disfuncionalidad de la Policía.

Si no es posible conciliar las rispideces que dicen están en puntos álgidos, bueno pues entonces Armando Leyson tendrá que buscar una solución más drástica en concordancia con las instancias a las que ahora corresponde imponer a los jefes policiacos.