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Disidencia priista: lo que resiste, apoya

¿Realmente hubo insurrección de una parte del priismo expresada en la reunión del sábado pasado organizada, entre otros, por José Ramón Martell y donde participó la exgobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega? La verdad no parece ser el suyo un movimiento representativo del PRI nacional. Más bien pareciera que estamos ante un grupo de presión que buscar un cierto protagonismo en la próxima asamblea nacional del tricolor que deberá definir el futuro de ese partido, incluyendo, directa o indirectamente, su candidato presidencial para el 2018.
Hay quienes dice que lo que resiste, apoya. Y es verdad. No creo que el PRI se lance a la aventura de que su candidato presidencial sea elegido por voto directo de los militantes como se pidió en ese encuentro. Eso les ha funcionado, cuando no había un presidente de la República priista, para elegir dirigentes nacionales y bastante menos de lo que se cree: la elección de Beatriz Paredes, poco después de la derrota ante Fox, les dio buenos réditos, pero cuando se tuvo que elegir nuevamente dirigente y la singular alianza entre Roberto Madrazo y Elba Esther Gordillo se impuso a Beatriz, lo que vino después fue el peor periodo para el priismo. Es verdad que ganó gubernaturas, pero el partido se dividió en el Congreso, Roberto y Elba rompieron. Madrazo se empeñó en ser candidato presidencial y en el camino descalificó a todos los demás adversarios que habían formado el llamado Tucom (Todos contra Madrazo) integrado por muchos de los gobernadores priistas con mayor peso en el país. Madrazo terminó como candidato presidencial y realizó la peor elección federal del PRI en su historia.
Tampoco será esa asamblea priista de agosto, una continuación de la XIV asamblea, aquella que encabezó Colosio, y mucho menos una repetición de la XVII que se efectuó cuando Zedillo era presidente, cuando un PRI encabezado por Santiago Oñate se rebeló contra el mandatario e impuso, entre otras limitantes, los famosos candados que dejaron fuera de la sucesión presidencial a todos los principales colaboradores de Zedillo, comenzando por Guillermo Ortiz y José Ángel Gurría, además de una serie de decisiones programáticas que ataron al priismo durante años en términos energéticos y fiscales, sobre todo. De alguna forma lo que se pretende con ese grupo reunido el sábado es de alguna forma reeditar aquel movimiento, con una diferencia fundamental: los candados de la XVII asamblea fueron impuestos desde la propia cúpula del partido y respaldados por la mayoría de sus principales operadores, muchos de ellos alejados del presidente Zedillo y marcados por la ruptura entre éste y su antecesor, Carlos Salinas.
Ahora no será así, sobre todo porque el presidente Peña conoce muy bien esa historia y no está dispuesto a repetirla, ni tampoco es tan débil como algunos creen. Es verdad qué hay grupos, precandidatos, opciones que se están moviendo políticamente pero Peña, más allá de la popularidad priista o del propio presidente tiene una baraja relativamente amplia de opciones, desde la más tecnocrática, hasta la de orientación más popular, pasando por figuras que representarían muy bien al priismo tradicional. Será el propio presidente quien termine designando a quien intentará ser su sucesor, pero tendrá que ser una designación arropada en el consenso y la suma de voluntades de la mayoría del partido. Ese es el principal objetivo de la próxima asamblea. En otras palabras habrá una designación pero no un destape a la vieja usanza, entre otras razones porque la situación no lo permite, e incluso así ganar la Presidencia en julio próximo no será nada sencillo para el tricolor.
Hay incluso quienes creen que una fracción claramente identificada con los modos más tradicionales del priismo, una suerte de priismo auténtico, no estaría nada mal en el debate público para que el “nuevo” PRI pudiera destacar y marcar diferencias conceptuales y programática con la dirigencia partidaria. Como decíamos, lo que resiste, apoya. Y podrá haber en agosto movimientos y sacudidas en el PRI pero nada indica que se encaminen a una ruptura con el presidente Peña, aunque sin duda éste y su gente tendrán que escuchar e interpretar los gritos y susurros de su militancia.

CD.MX: RENUNCIAS COLECTIVAS
Ya fue suficientemente explicado que Miguel Ángel Mancera no pidió la renuncia a su gabinete como se publicó el fin de semana. Pero eso no quita que los movimientos en las próximas semanas en la ciudad capital no estén exentos de cambios, reorientaciones y nuevos y singulares alineamientos. Por lo pronto, Mancera dejará la jefatura de Gobierno poco después de su informe, en septiembre, para buscar la Presidencia de la República. En el entorno del jefe de Gobierno cada vez más están convencidos de impulsar un esquema tipo Macron, que convine la independencia del candidato con el apoyo de fuerzas política y personajes conformando un movimiento de amplio espectro ideológico, ubicado como liberal progresista. Los golpeteos que se han percibido en el gabinete de Mancera y en el propio PRD tienen relación con ello y en la decisión de quién reemplazará a Mancera en el gobierno de la capital del país.
Ricardo Monreal es otro que se asegura dejará la delegación Cuauhtémoc para buscar la candidatura a la jefatura de Gobierno. Su aspiración es hacerlo por Morena, pero hay todo tipo de especulaciones sobre en qué medida López Obrador podría apoyar al exgobernador de Zacatecas o si se decantaría por una de sus más cercanas colaboradoras históricas, Claudia Sheimbaum, delegada en Tlalpan. Si Monreal no es candidato, incluso hay quienes especulan con la posibilidad de crear en torno suyo un frente opositor antiAMLO en la ciudad con participación de todos los demás partidos. Parece política ficción pero no lo es. También ese frente, aseguran, podría configurarse en torno a Juan Ramón de la Fuente, pero ello estaría muy atado a la suerte que corra Mancera.
Por lo pronto en la CDMX veremos en las próximas semanas muchos de los reacomodos que influirán en el proceso federal del 2018.