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Dolor del suicidio

SAPIENZA

Un hombre ya entrado en años guardaba desde hacía medio siglo el último recado que escribió su padre porque para él era un recordatorio que, cuando menos, había cumplido con las últimas órdenes de su papá. En el recado le decía a su hijo, entonces de 12 años, que limpiara la suciedad que quedara en el sótano para que su madre no tuviera que hacerlo cuando regresara del trabajo. El hijo limpió como el padre se lo había pedido, pero su corazón quedó manchado para siempre porque poco después de escribir el recado, el padre bajó al sótano y con un revólver se voló lo sesos. El dolor que ha llevado ese hombre por tanto tiempo es el dolor que llevan los millones de sobrevivientes de una persona querida que se suicida. Nada puede ser tan devastador como ver al hijo sobre un charco de sangre, al padre colgado, a la madre inmóvil junto a los frascos de barbitúricos que ingirió, o a la esposa desangrada por cortarse las venas. Quienes sobreviven a la persona que se suicida se preguntan "¿por qué?", "¿cómo fue que no pude evitarlo?", y es común que asuman la culpa por lo sucedido. Sienten las mismas reacciones postraumáticas que quienes sufren una violación, crímenes violentos, o quienes han sido víctimas de la guerra. Pero hay sanidad para ellos aunque la sanidad de los sobrevivientes difícilmente se dará en el silencio y el aislamiento. Se hará necesaria la ayuda de alguien capacitado para lidiar con el dolor; el convivir con quienes han sufrido un trauma igual será de gran ayuda en el proceso de sanación. La culpa no debe agobiar a los sobrevivientes de un suicidio porque independientemente del hecho que provocó el suicidio, muchas otras fueron las causas que orillaron a la persona a tomar tal determinación. Ni deben sentirse culpables cuando al paso del tiempo comiencen a reír, porque volver a reír no es una traición al ser que los dejó. La risa es simplemente una muestra de que se está en camino de la restauración. Y para ayudar en el proceso de sanidad, deben quitar de su memoria la forma en que la persona murió, y concentrarse en la forma en que vivió y los momentos agradables que les dejó.