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Opinión

Domingo 14 del tempo Ordinario. Ciclo B

REFLEXIÓN DOMINICAL

Por Pbro. Gerardo Gómez Villegas

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Lectura del santo evangelio según san Marcos (6,1-6): 

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?» Esto les resultaba escandaloso.

Jesús les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa». 

No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando. Palabra del Señor.

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Y, la verdad, pudiéramos vivir nuestra vida cristiana sin emoción, con rutina, sin sorpresas, porque creemos que Dios ya nos ha dicho todo lo que tenía que decirnos y ha hecho por nosotros todo lo que nos había prometido; Dios no nos sorprende ya, porque creemos saber todo sobre Él. Por esta razón, nuestra vida cristiana se llena de desconfianza: Dios nos defrauda, sólo porque nos empeñamos en hacerle a la medida de nuestro saber y conocer; sus manos no hacen milagros para nosotros, sólo porque no le permitimos que toquen nuestro corazón; porque no logramos imaginárnosle más grande de lo que nos cabe en la cabeza, más bueno de lo que es nuestro corazón. Empequeñecemos a Dios, porque no nos atrevemos a aprender algo nuevo sobre Él todos los días, y un Dios pequeño no puede entusiasmar; un Dios conocido puede ser manejable, pero resulta poco encantador. En el fondo, como nuevos paisanos de Jesús, no le tenemos suficiente fe, porque le damos por conocido; ni nos merece mucha confianza, porque nos resulta demasiado familiar.

Lo peor del caso es que, también como aquellos paisanos de Jesús, nos estamos quedando sin ver sus prodigios. Es una lástima que Jesús siga hoy, como en aquellos días, haciendo más milagros entre extraños que entre conocidos, convirtiendo más fácilmente a quien le ignoraba que a los amigos. Tan habituados estamos a cuanto sobre Cristo se ha dicho que no nos esforzamos por experimentarlo personalmente.

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Saber mucho sobre Jesús podría ser un obstáculo para creer en su persona y para aceptar sus enseñanzas; darle por conocido puede privarnos de conocer sus milagros y experimentar su poder. No por el hecho de ser cristianos de siempre estamos mejor preparados para ser creyentes hoy. Una buena tarea sería dejar las cuestiones sobre Dios y dejarnos cuestionar por Él. Sería una grande ocasión para saber disfrutarlo.

Buen domingo. ¡A disfrutar la presencia de Dios en la Misa y en la familia!

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