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Opinión

Domingo 16 del tiempo Ordinario. Ciclo B

REFLEXIÓN DOMINICAL

Por Pbro. Gerardo Gómez Villegas

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Lectura del santo evangelio según san Marcos (6,30-34):

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.    

Él les dijo: «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco».

Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces, de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.
Palabra del Señor

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Jesús acogió a sus discípulos que regresaban de predicar el Reino, invitándoles a retirarse juntos a un lugar solitario para descansar. Seguro que los apóstoles venían contentos de su primera experiencia y maravillados del resultado de la misión que habían hecho en nombre de Jesús y con su autoridad; seguro que tendrían muchas cosas que contarse entre sí y tanto que contar a su Maestro. Jesús, en cambio, se interesó en buscarles un sitio donde descansar, un lugar donde la gente no les importunara, un tiempo para comer y reposar juntos, unos momentos de intimidad. Lo característico del relato de hoy es que invita, por primera vez, a compartir su tranquilidad y su soledad con los discípulos que regresaban a él con la misión cumplida de predicar el Reino de Dios.

Es común oír decir a los mejores de entre nosotros que más sienten nostalgia de Dios, pero que tan poco tiempo encuentran para Él. No saben que, por no tenerlo, se privan de Dios y alejan su reino de los hombres. Dios ha puesto en nuestro corazón una sed de cariño, un hambre de ternura que solo su corazón puede saciar con éxito y para siempre.

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Hay que saber perder el tiempo con Dios para darle la oportunidad de que pueda fijarse en nosotros y para que nuestra necesidad le provoque lástima; entonces, como hizo con la muchedumbre, tendrá tiempo para perderlo junto a nosotros enseñándonos con calma. Quien sabe perder su tiempo con Dios, gana a Dios y su misericordia: ¿Podríamos anhelar algo mejor? No nos tiene que resultar muy difícil: hay que aprender a pasar el tiempo con Él, ese tiempo que nunca tenemos, ese tiempo que siempre perdemos con tantas cosas que no son Él. Pero hay que resistir la tentación de sacar provecho inmediato al tiempo que le hemos dedicado a Dios. Si deseamos de verdad que nos invite a descansar con él, volvamos a él cansados de predicar su reino: no olvidemos que Jesús se cuidó de que descansaran todos aquellos, y solo ellos, que regresaban fatigados por haber sido sus apóstoles. Jesús seguirá cuidándose de nosotros, si nosotros nos cuidamos de su Dios.  

Buen domingo. ¡A disfrutar la presencia de Dios en la misa y en la familia! 

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