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¿Dónde quedó el cambio?

PUNTO DE VISTA

EL CAMBIO QUE NO LLEGA. Como Vicente Fox en el país, Malova prometió cambios en las formas de hacer política en Sinaloa que no se han concretado. Por el contrario, hay áreas donde más que avances se notan retrocesos, uno de ellos es en el tema de la transparencia y rendición de cuentas. De poco o nada ha servido que la antigua contraloría estatal hoy se denomine pomposamente Unidad de Transparencia y Rendición de Cuentas, y que su titular, Juan Pablo Yamuni, haya emanado de las filas empresariales y no tenga mayor carrera política ni partidista, su desempeño ha sido igual de gris como cualquier burócrata de partido, además, no se observa, ni en esa dependencia ni las otras áreas de gobierno, verdadera voluntad para avanzar en el combate a la corrupción, tráfico de influencias y distribución de beneficios en función de compadrazgos. Sinaloa es de los estados con más bajas penalidades en contra de los servidores públicos que incurren en ilícitos y que se enriquecen al amparo del poder político, aparte, es de las entidades donde la impunidad permea en los casos de funcionarios que delinquen, hace décadas que no se procesa a ningún servidor público de alto nivel, pese a que algunos han abusando de su poder e incurrido en ilícitos en el desempeño de sus funciones. Aquí no pasa nada, pese a lo prometido ese cambio no llega.

¿Y LA MESA PARTIDOS? Pareciera que no es prioridad en la entidad el combate a la corrupción, ¿o será que en Sinaloa la corrupción no existe? Ese tema nunca se ha abordado en la mesa "Compromisos por Sinaloa", ni existe ninguna iniciativa de ley encaminada a la revisión y modificación de las sanciones y del capítulo referente a los delitos cometidos por servidores públicos. Quizá es "hablar de la soga en casa del ahorcado", porque casualmente los partidos políticos, los legisladores y el titular del Ejecutivo, a través del secretario general de Gobierno que encabeza esa mesa, han sido groseramente omisos del tema del combate a la corrupción en Sinaloa y a la impunidad que permea en los ilícitos cometidos en el ejercicio de gobierno. Y se supone que las múltiples iniciativas que se han acordado en dicha mesa de "Compromisos por Sinaloa" van encaminados a generar modernidad política y mayor transparencia. ¿O creerán que tolerar la corrupción y coexistir con ella es modernismo y avance político?

MAL DE MUCHOS, consuelo de tontos, dice el refrán popular. Es verdad que en el país dos problemas endémicos desde los orígenes de la Colonia son la desigualdad social y la corrupción. El nuestro no es un país pobre, sino que ha sido históricamente saqueado por sus gobernantes, primero por los españoles, y después por quienes llegaron al poder al amparo de la lucha de independencia y la revolución. La abundancia de recursos naturales, minerales, dineros públicos y el petróleo han servido para que unos pocos se enriquezcan, mientras la mayoría vive en la pobreza. Sinaloa no escapa a esa problemática, y aunque tres años es poco tiempo para cambiar estos añejos problemas, son un lapso suficiente para medir si hay voluntad de cambio. Y hasta hoy esa voluntad no se ve.

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