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Dos grandes problemas de México

DIVAGACIONES DE LA MANZANA

La seguridad pública sigue siendo una asignatura pendiente para las autoridades en los tres órdenes de gobierno: federal, estatal y municipal.

Bien sabemos que en el sexenio 2006-2012, cuando ocupaba la Presidencia Felipe Calderón, en prácticamente todos los rubros se disparó la criminalidad, a lo que se sumaron las repercusiones de la lucha contra el crimen y, a la par, la violencia suscitada por los carteles de la droga en sus afanes por abarcar y dominar los mercados principales de la venta y consumo de estupefacientes.

Con el cambio de gobierno se renovó la esperanza. Se empezaron a tomar medidas importantes para abatir a la delincuencia y reducir las graves consecuencias que ésta tiene en la sociedad mexicana. Sin embargo, perfilado ya el gobierno federal hacia el segundo año de su gestión, no podemos sino concluir que los resultados son pobres e incluso, en ciertos rubros, los delitos se han incrementado. Por lo menos, es así de acuerdo con cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Por ejemplo, si nos referimos a los homicidios dolosos, los datos son más que alarmantes, pues hace una década sumaban un poco más de 11,000, mientras que el año pasado llegaron a 18,000.

Si seguimos con otras cifras, como las referidas a los robos, veremos que hace 10 años se cometían alrededor de 500,000, mientras en nuestros días son casi 700,000, o sea, un 40% más.

De hecho, en casi la totalidad de las categorías contabilizadas, incluidos los secuestros, se registran aumentos significativos.

Como se ve, en este asunto de la más elevada prioridad, los datos no sólo revelan que las medidas para atender esa problemática han dado magros resultados. Además, ponen a la luz una realidad muy preocupante, pues la inseguridad sigue a la alza, de tal manera que para la mayoría de la población la demanda social de mayor importancia es que disminuyan, ya, sin demora, esos elevados índices.

En la escala de los problemas nacionales, le sigue, claro está, la situación económica, pues el grave declive de la economía nacional, aunado al desempleo y la inflación, es también una de las más extendidas exigencias ciudadanas.

Por eso, de la mayor urgencia será conseguir resultados frente a tan adversas realidades para todas y todos en México.

De no percibirse una clara mejoría en estos dos renglones estratégicos, podría sobrevenir una crisis para el gobierno actual, quizá incluso antes de que cumpla su segundo año en el poder. De más está decir que esta situación mermará sensiblemente el voto priista en las próximas elecciones y hasta podría contribuir al crecimiento del abstencionismo, pues tampoco los partidos de oposición han dado resultados fehacientes cuando han gobernado el país o las entidades federativas, incluida la ciudad capital.

No bastarán, pues, las reuniones aparatosas, los anuncios esperanzadores o los golpes espectaculares contra el crimen, como tampoco serán suficientes los paliativos en materia económica.

En cambio, sí podrían adquirir verdadero peso si se convirtieran en constantes que resuelvan a fondo tanto la inseguridad pública, con su cauda de criminalidad creciente, como el problema económico con sus índices de crecimiento tan bajo e insuficiente para atender y solucionar estos dos requerimientos esenciales de la sociedad mexicana, en la ya avanzada segunda década del siglo XXI.

www.marthachapa.net