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Dos semanas después: ¿no fue penal?

Per saecula saeculorum

Creo que hoy es el día en el que todo se acaba, pero a la vez, la espera comienza de nuevo, hablo del mundial, del futbol y de otros 4 años más para encender la veladora de la esperanza bajo algún santo, para regar la rosa de Guadalupe y esperar su vientecito milagroso o simplemente para cruzar los dedos para que México vuelva a calificar para el mundial de Rusia 2018. Transcurrió en un suspiro toda la emoción, la afición y la pasión de este deporte y los fanáticos se quedan un poco tristes y vacíos; inconsolables casi muertos por dentro de pensar que no habrá más partidos emocionantes. (Mentiras podridas, luego, luego prenden la tele, agarran el basquet o el beis, o las luchas y se emocionan igual). Algunos países que fuimos eliminados nos quedamos con cierto mal sabor de boca y nos unimos en una gran depresión colectiva, la mayoría causada por la FIFA y sus supuestas "injusticias", "mafia" y "chanchuys" que debemos alegar para no resignarnos a que este año no fuimos lo suficientemente buenos, pero que al expresarla nos provoca alegrías, ya que el buen humor jamás se nos quita por más pisoteados que nos dejen. En este mundial aprendí que el futbol produce sentimientos muy profundos, masivos. Al principio, cuando se calificó de "chiripada", esos sentimientos eran de "fiuf, pasamos", "la libramos", ya que pasamos la primera parte del tan abrumador campeonato, empezaron los sueños guajiros de triunfo, sí la estábamos armando, nuestro autoestima nacional creció, todos éramos México, desde el más prieto hasta el más güero del país, estábamos llenos de sed de victoria, la habíamos alcanzado, de puntitas, rozado con la yema de los dedos y en eso…dos goles de Holanda. El primero por empate y todo se nubló, ya que estábamos conscientes de que nuestros chaparritos en el campo ya estaban cansados y en el tiempo extra probablemente les iba ir como en feria, pero aún se veían resquicios de esperanza en la cancha. Llegó el famoso "penal" y que pena que en los últimos minutos del encuentro, todo se nos derribara, fue letal, para el equipo, para el aficionado, para los espectadores, para cualquiera que tuviera prendida su televisión esa mañana en el que la selección logró lo que nadie había logrado en muchos años: "que los mexicanos nos despertáramos temprano en domingo". Desde ahí se escribe la historias de este mundial fallido, en el que logramos amortiguar la derrota por el gran desempeño de los jugadores mexicanos en Brasil que dieron mucha batalla a los sanzones de este deporte. Pero lo más simpático de todo, es la manera del mexicano de abatir los momentos deprimentes, las tragedias nacionales (así se le puede llamar a esta), los precipicios emocionales con una sola puntada: "no fue penal", frase que hoy en día, queda clavada en el cerebro y corazón de todos por la riqueza creativa y el humor de muchos paisanos que con la rapidez de Ana Guevara, fueron responsables de hacer circular por todas las redes sociales, fotos diversas con títulos y alusiones al tan famoso y polémico penal, que más que sacarnos lágrimas aquel domingo, nos extrajo una bola de carcajadas durante las siguientes dos semanas. Al pobre jugador holandés le llovió ácido, pero bueno, lo ganado nadie se lo quita. De entre mis fotos favoritas, estaba una que circulaba con sutil alegría y simpatía, ya que era de Andrés Manuel López Obrador comiendo chilaquiles muy quitado de la pena, en la que el asentía que sí "¡sí fue penal!", tan contreras como siempre, y hasta Peña Nieto queriéndose colgar de la empatía del pueblo y aprovechando para brincar al chiste y parecer el más simpático y alivianado (y si lo logró), mencionó en un evento y discurso del sector turístico la tan pegajosa frase: "no fue penal", y fue la cereza del pastel en cuestión de desahogo nacional. Haya sido o no haya sido "penal", quedará en los libros, y de seguro muchos lo tendrán ya tatuado en sus pieles; ya que son tan apasionados que lo querrán recordar siempre. Lo que si nunca hay que olvidar, es que no nos debemos victimizar, el futbol es un deporte, el mexicano es muy luchón, buen contrincante y debe ser también buen perdedor, porque la doble moral no nos queda nada bien. ///

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