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Dudosos éxitos

GUASAVE

La sensación que la sociedad abriga sobre la ineficacia de la prevención y lucha a los delitos no se finca tan sólo en la ejecución de las acciones gubernamentales, sino en hechos que lo demuestren.

Los ciudadanos no pueden, porque no lo sienten, estar tranquilos sólo porque las autoridades así lo pregonan y por lo tanto tampoco deben aceptar los dichos oficiales, no al menos, mientras no haya resultados plenos.

En ese sentido habría que decir que si de los discursos y la publicitación de los mil proyectos para combatir el hampa dependiera un cambio en el sentimiento de inseguridad e indefensión que la gente

guarda, hace mucho que se hubiera dado cuenta que efectivamente los delitos se reducen a niveles tolerables.

La aprensión popular en cuanto a que el fenómeno de la violencia en Sinaloa y particularmente en el norte, que parece no sólo no tener fin, sino que su agresividad va en aumento, no es prejuicio o producto de una sicosis masiva u originada de relatos tenebrosos y desfigurados.

En Sinaloa no hay nada más verdadero que la inseguridad y ella se sufre minuto a minuto por todos sus rincones; en algunas zonas con mayor intensidad que otras, pero siempre omnipresente.

No es tan fácil como lo presumen las autoridades, por ejemplo, las campañas de donación voluntaria y registro de armas, que tan sólo con buenas intenciones oficiales la sociedad vaya a cambiar, por otra más benigna, la impresión de que en el estado, la delincuencia la tiene acorralada.

No es suficiente que las instituciones se esfuercen para que creamos que realmente se trabaja en la prevención. Una cosa es el empeño que ponen y otra muy diferente que tengan resultados, no por lo menos en la medida que se desea.

Ciertamente el programa de marras en el que a cambio de dinero reciben armas, de algo pudiera servir, cuando menos para que sus preconizadores tengan presencia en los medios.

También porque no, para que algún desbalagado que posea una pistola o rifle "chatarra", según sea el caso, con el dinero que reciban, comer unos cuantos días o irse de parranda, habida cuenta que no imagino a los sicarios o raterillos, haciendo "cola" para entregar sus "herramientas de trabajo", cuando utilizándolas ganan mucho más.

Con todo el respeto para quien lo diga, pero no compartimos su optimismo en cuanto a que con este tipo de programas vaya a reducirse el armamentismo y los índices delictivos.

Y no hablamos de memoria o porque seamos unos irredentos catastrofistas, pues sin ir muy lejos, el mero día en que se realizaba el intercambio, en Guasave se produjeron cuatro asaltos y en el pasado mes se perpetraron 14 asesinatos.

Entonces si nos atenemos a las estadísticas delictivas, pero no los maquillados, veremos que son bastante dudosos los éxitos que se asumen y presumen en el combate al crimen en el estado y la mayoría de los municipios.

Ahora bien, nadie cuestiona que en Sinaloa que fue pionero en eso del donativo de armas el programa este para fines mediáticos funcionando, sin embargo, por ningún lado se ven los resultados a no ser aquellos meramente publicitarios.

Para combatir con ciertos grados de éxito la delincuencia se necesita más que demagogia y dar dinero a cambio de pistolas desconchinfladas, lo que se requiere es acabar con la corrupción en las corporaciones y ya depuradas con seriedad se pongan a trabajar de verdad toda esa mezcolanza de policías que se han creado sin ton ni son.