Opinión

De lo bueno que traerá el COVID-19

DESDE LA BARRERA

Por  Eduardo del Río

Muy difícil resulta en estos momentos prever el impacto que la pandemia del COVID-19 tendrá en los distintos sectores económicos y en la vida de las personas a nivel global. Si bien es temprano para hacer un pronóstico, y el panorama es poco alentador, serán muchos los aprendizajes que esta crisis traerá. Uno de ellos se ubica en el mercado laboral.

La rápida propagación de este nuevo virus ha obligado a los distintos sectores productivos del mundo a tomar medidas drásticas. Reducción de actividades, cierre parcial de comercios e industrias y promoción del trabajo desde el hogar. Este último, llamado home office, podría ser adoptado, una vez superada la contingencia, como una nueva forma de vida.

Antes de la crisis provocada por el coronavirus, el teletrabajo representaba una actividad relativamente poco usual. La Oficina de Estadística de la Unión Europea, Eurostat, indica que, por ejemplo, en España el 4.3 por ciento de los empleados utilizan este método para laborar desde sus hogares, en Luxemburgo dicha cifra asciende a 11 por ciento y en Países Bajos alcanza un 14 por ciento de la masa laboral.

México es un caso distinto en este ámbito. Datos del sitio Randstad señalan que, en nuestro país, únicamente el 4 por ciento de los empleados se conectan desde sus casas. Sin embargo, las recientes modificaciones a la Ley Federal del Trabajo, aprobadas en el Senado de la República en junio del año pasado, reconocen esta figura y la protegen con la garantía de condiciones de igualdad en cuanto a remuneración, capacitación y acceso a la seguridad social.

Se trata, como sucede en otras latitudes, de una opción viable para generar oportunidades a personas con discapacidad, adultos mayores y madres de familia. Quienes apuestan por una revolución en el mercado laboral, ven en esta pandemia una oportunidad para desarrollar nuevos modelos que permitan incitar a muchas empresas a implementar el trabajo a distancia.

Y no solamente se trataría de las empresas. Los Gobiernos han encontrado en esta nueva realidad una forma para acortar distancias y generar ahorros significativos. Qué mejor ejemplo que el que se vivió ayer con la reunión virtual que sostuvieron los mandatarios del G20, incluyendo al presidente López Obrador.

Vía remota, los principales líderes globales se conectaron para discutir los retos que representa la expansión del coronavirus y las medidas que podrían ser adoptadas para evitar un daño mayor a la economía mundial. Esto último, sin tener que realizar viajes que impliquen grandes y costosas logísticas.

No cabe duda que estamos frente a una situación inédita, en donde se conjuga el surgimiento de una nueva pandemia, combinado con un desarrollo tecnológico que permite al ser humano adaptarse a esta circunstancia que lo llevará, en un futuro próximo, a ver las cosas de manera diferente. Y a desarrollar modelos productivos que faciliten, aún más, su desempeño laboral. No todo será malo pasado el trago amargo de esta crisis. 

Segundo tercio. Para afinar la estrategia de combate al coronavirus, resulta de extrema urgencia afinar la coordinación entre Gobiernos federal y estatales. Pareciera que los esfuerzos que se realizan son indistintos y responden a realidades diferentes. Bien podría hacerse una reunión virtual, como la del G20 ayer, entre el presidente y los gobernadores.

Tercer tercio. La coordinación pasa por la aplicación estricta de la ley para evitar saqueos, como los que se han registrado ya.

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