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Opinión

Educación

Por: Marco Antonio Berrelleza

El 15 de septiembre de 1890, el ingeniero Mariano Martínez de Castro, gobernador de Sinaloa, puntual acude a la cita con los legisladores para informar sobre el avance de su gobierno. El 25 de septiembre, el Estado de Sinaloa publica el discurso del mandatario: “Reciben instrucción primaria, 13 mil 220 niños o sea el 6 por ciento de la población total, que asciende a 220 mil almas, según los últimos datos.

Estos alumnos están repartidos en 336 escuelas (una por cada 654 habitantes), de las cuales corresponden 35 al Distrito del Fuerte, 61 al de Sinaloa, 32 al de Mocorito, 21 al de Badiraguato, 50 al de Culiacán, 20 al de Cosalá, 9 al de San Ignacio, 43 al de Mazatlán, 21 al de Concordia y 44 al del Rosario: los gastos anuales de este ramo suman 102 mil 795.00 La instrucción secundaria y profesional se imparte en esta ciudad a 115 alumnos, con un gasto anual de 30 mil siendo hasta cierto punto satisfactorios los resultados, pues del Colegio Rosales, en el relativamente corto periodo de tiempo que tiene de establecido, han salido 46 profesores, de los cuales ocho son abogados, siete ingenieros, tres ensayadores, cuatro farmacéuticos, tres escribanos públicos, un tenedor de libros y 20 preceptores de instrucción primaria, recibidos en la Escuela Normal anexa al referido Colegio; todo esto sin contar los profesores que han cursado las aulas en el Colegio Seminario de esta capital”.