Opinión

El 20 de noviembre

BANDERA

Por  Rodolfo Peña Fárbel

Francisco I. Madero.(Foto: Especial)

Francisco I. Madero. | Foto: Especial

En ese día se conmemora oficialmente el día fijado por don Francisco Madero para entrar a México, desde los Estados Unidos, para iniciar en plan de rebelión la llamada Revolución Mexicana, cuyo objeto era derrocar al presidente don Porfirio Díaz, que en ese año de 1910 tenía ya 30 años gobernando al país, con algunos aciertos y desaciertos.

Así se desencadenó una tremenda guerra civil que costó un millón de muertos, la ruina de la economía nacional, la pérdida de nuestro prestigio, disgregación familiar, adopción política del liberalismo y apoderamiento del Gobierno por las hordas masónicas, dirigidas desde Charleston, EUA, bajo las consignas revolucionarias más radicales y destructivas, contexto en el que se propició el desenfreno y la delincuencia en todas sus manifestaciones, alardeando obsesivamente de que se estaba liberando a México para acceder al progreso, la modernidad y la felicidad.

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Don Porfirio ciertamente tuvo tiempo para preparar y establecer un sistema político idóneo y eficiente, pero no pensó en su deber de garantizar una sucesión respetable y ordenada, a pesar de que ya tenía 80 años de edad.

Esa omisión fue su más grave error. Pero eso no es pretexto válido para justificar una guerra civil. Ahí es donde aparece claramente, a su vez, el gran don Francisco Madero, que no supo encontrar una solución adecuada al problema y decidió lanzarse a la rebelión armada, con las terribles consecuencias que conocemos.

Celebrar el 20 de noviembre y conmemorar la revolución como cosa buena y gloriosa es tan absurdo como sería celebrar y elogiar el recuerdo de cuando los papás se divorciaron y los hermanos se pelearon entre sí en una familia. 

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