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El Banco de México y la confianza

El Banco de México sorprendió a participantes importantes en el mercado, quienes creían entender las causas de reacción de su política monetaria. Si bien, desde el punto de vista económico, la reducción de su tasa de interés el 6 de junio pasado no es criticable, visto lo bajo del crecimiento, sí lo fue desde el punto de vista de la postura establecida durante años.

Esa postura se basó en que el crecimiento no es su objetivo. Si bien el bajo crecimiento deprime la inflación por falta de demanda, la inflación de 3.5% en mayo es superior en medio punto porcentual a su meta de 3%. Y en la primera quincena de junio aumentó a 3.7%, pudiendo ir al alza, pues la de mayo y junio está influida por una reducción estacional de la electricidad.

Por lo pronto, varios participantes en el mercado están confundidos, pues con la reducción de su tasa en marzo de 2013, de 4.5% a 4.0%, aclaró que ésta "no representa el inicio de un ciclo de bajas al objetivo de la tasa de interés interbancaria de referencia". Aun así, volvió a reducir su tasa a 3.5% en octubre de 2013, con el mensaje aun más categórico, de que ya "no serían recomendables disminuciones adicionales en el objetivo para dicha tasa en el futuro previsible".

Por eso la más reciente reducción de 3.5% a 3.0%, en junio pasado, debe interpretarse como una reacción del Banco ante la sorpresa de un crecimiento tan bajo. Si ese es el caso, su meta de inflación de 3% podría ser demasiado ambiciosa y tendría que aumentarla, quizás a 4%. Esto no es descabellado, tomando en cuenta que el gobierno sigue aumentando los precios de la gasolina, diésel y otros energéticos. Hay que estar de acuerdo, sin embargo, en que al hacerlo enviaría un mensaje que no desea enviar al mercado.

Pero en la vida no se puede tener todo y el Banco debe crear ahora una nueva narrativa para volver a dar consistencia a sus acciones y recuperar la alta credibilidad que ha disfrutado y que le hará falta más adelante.

Un factor importante para el Banco es lo que piensa y hace la Reserva Federal estadounidense. Sobre ello ha manifestado que un riesgo para el crecimiento de México es "que el proceso de normalización de la política monetaria en Estados Unidos no sea ordenado". Eso quiere decir que las tasas de interés en ese país pueden subir de golpe y con ello crear volatilidad y presiones contra el peso.

En ese caso, el Banco, en su actual narrativa, subiría la tasa de interés. Si ese riesgo es considerable, la motivación de la reciente reducción de la tasa en México no se entiende.

Quizás la clave está en que el Banco no está tan confiado como dice en que el crecimiento se recupere pronto, lo que requeriría de tasas de interés muy bajas por un tiempo muy prolongado. El riesgo que resalta, según la institución, es "que la confianza del consumidor y la del productor no mejoren lo suficientemente rápido". Este es el factor clave, al que poca atención dan los analistas, aunque recientemente tiene mayor difusión. El Banco está en lo correcto al destacarlo, aunque se trata de un término difícil de entender para los economistas porque es un intangible y los políticos se irritan cuando lo escuchan porque lo toman como crítica a sus políticas.

La falta de confianza, sin embargo, no se corrige con reducciones de tasas, aunque dan una señal de apoyo a las políticas del gobierno. Una buena definición de confianza es del conde William Pitt: "es una planta de lento crecimiento en una alma madura —la juventud dispensa credulidad". Muchos de los productores que han visto de todo en México, hoy están escépticos o desconfiados.

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