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El Bolero de Ravel

México es como el Bolero de Ravel, se repite y se repite obsesivamente. Como en la obra musical de Maurice Ravel (1875-1937), en nuestro país, el deterioro del tejido social y la falta de credibilidad en las instituciones cada día van in crescendo (la violencia, la corrupción que se repite y se repite en cada sexenio sin importar del partido que sea, la impunidad para los que abusan del poder, el contubernio del gobierno y la telebancada a favor de las televisoras privadas, la extrema pobreza, las centenas de niños mexicanos sin padres que vomita el país hacia Estados Unidos). La diferencia entre la obra de Ravel, llena de música como decía el propio compositor francés, es que la suya dura aproximadamente 17 minutos y nuestra triste realidad permanece repetitivamente igual, desde hace siglos. Para no irnos tan lejos, me permito transcribir un fragmento de la espléndida crónica que escribiera la condesa Paula Kolonitz, quien llegara a México un 28 de mayo como parte del séquito de la emperatriz Carlota. Su libro se intitula Un viaje a México en 1864. Su obra se publicó en Viena en 1867.

"(En México), nadie se fía de nadie y unos a otros se denuncian como ladrones y traidores. Chez nous rien n'est organicé, que le vol! (en nuestro país lo único que está organizado es el robo)", le dijo un día un mexicano a Kolonitz, lo cual le sorprendió sobremanera. Sin embargo después de seis meses que duró su estadía en nuestro país, se pudo percatar de que a su amigo no le faltaba razón. Aunque el objetivo de la Kolonitz no era exclusivamente juzgar, sino intentar entender las cualidades y defectos de los mexicanos, decidió escribir varias crónicas para dar su punto de vista.

"Y sin embargo (su amigo) tenía razón, porque todos robaban, no solamente los malandrines que desvalijaban a las diligencias y asaltaban las haciendas. Los que dieron el más espléndido ejemplo fueron los presidentes de la república. Electos por solo tres años (entonces era lo que duraba el período presidencial) eran ordinariamente mucho antes derrumbados por algún rival, por lo cual aprovechaban el breve tiempo de su poder para enriquecerse y poner en los altos puestos de la república a sus parientes, a los cuales de este modo se les ofrecían las mejores ocasiones para amasar dinero y hacerse poderosos. Y así era desde el más alto empleo hasta el más ínfimo". Líneas abajo la Kolonitz hace referencia a los empresarios de entonces, quienes, a mi manera de ver, no han cambiado un ápice desde el siglo XIX. "Hombres de industria, sacando maliciosamente ventaja de los embarazos del gobierno, sabían obtener las más grandes concesiones para esta o aquella especulación, con los más desventajosos pactos para el bien público. (Allí está la aprobación de las leyes de telecomunicaciones que violan nuestra Constitución). Y continúa diciendo la condesa: "De tal modo se enriquecieron muchos en bravísimo tiempo. La avidez del dinero es, en general, uno de los mayores defectos de los mexicanos; y si por un lado son generosísimos, por no decir pródigos, no son ciertamente muy delicados en escoger los medios de obtenerlo. La inercia domina en su naturaleza y en sus costumbres". En sus escritos la Kolonitz hace una verdadera radiografía de nuestra manera de ser que no ha dejado de repetirse y repetirse, especialmente en lo que se refiere a los gobernantes: "El mexicano promete mucho, pero no le parece necesario conservar íntegra la palabra dada; este es el marco fundamental de su condición". ("Mañana te pago", "ahora sí, vamos a comer", "ahorita le envío el reporte que me pidió", "en unos días resuelvo tu problema", etcétera, etcétera). Sigamos leyendo cómo nos veían los extranjeros en el siglo XIX: "(el mexicano) es débil de carácter y la idea de una severa honorabilidad y lealtad hace mucho tiempo que se ha perdido. Cuando yo oía a los propios mexicanos juzgar a su nación, el rubor me subía por las mejillas, porque ese denigrarse a sí mismos me dolía grandemente". ("Ya sabía que íbamos a perder en el futbol", "en México todo nos sale mal", "los mexicanos llevamos en nuestro ADN, la corrupción", "cada vez que viajo a Estados Unidos y regreso a mi país, me deprimo", etcétera, etcétera).

Por ello, me atrevo a afirmar que nuestro país es como el Bolero de Ravel, porque los mexicanos en general nos repetimos, nos repetimos y nos repetimos, y lo peor, es que no aprendemos... ¿Por qué? "¿Quién sabe es la respuesta común que el mexicano le da a cualquier pregunta, súplica o amenaza", escribió la Kolonitz en 1864.

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