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Opinión

El Borgues

POLIARQUÍA
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Por: Guadalupe Robles

Jacinto Casal, supo de Jorge Luis Borges en una reunión de amigos en la facultad de filosofía y letras de la universidad. En la cafetería, -el oráculo del ocio, como se le conocía- , uno de ellos comentaba el último desliz del presidente Vicente Fox: en el Congreso de la Lengua Española, en Madrid, ante el rey Juan Carlos de España, cambió el nombre del escritor y poeta y lo llamó "José Luis Borgues".

¿Quién es ese Borgues?, preguntó distraído Jacinto Casal, antes de recibir como respuesta una carcajada interminable de los siete con los que compartía la mesa.

Nunca imaginó que esa pregunta lo marcaría para siempre. Al menos con ese apodo. Ya no fue Casal, como hasta entonces, sino "El Borgues", el mismo que estudiaba derecho pero que se juntaba con los de filosofía y letras, según él, a ver qué les aprendía.

El Borgues era un lector de ocasión, pero desde aquella vez sintió una enorme curiosidad por saber quién era ese escritor del que sus compañeros hablaban con tanto asombro y había provocado el error memorable del presidente.

En los años que siguieron, El Borgues invirtió buena parte de su tiempo en estudiar a Borges, leer a Borges, hablar de Borges. No había reunión, conversación o participación en clase que no hiciera alusión al escritor argentino. Leyó sus obras, las críticas sobre sus obras, lo que se había dicho de él, y cuanta biografía cayó en sus manos.

Descubrió que Jorge Luis Borges fue un escritor que por sí mismo era un personaje. Quedó ciego a los 55 años y nunca ganó el Premio Nobel, a pesar de ser considerado uno de los más grandes escritores del Siglo XX. A los cuatro años ya sabía leer y escribir. Desde los nueve comenzó a traducir obras del inglés al castellano. Viajó desde niño a Europa buscando cura a la incipiente ceguera de su padre, padecimiento que él más tarde heredaría. Escribió y publicó sus primeros versos en francés, y aprendió por si solo el alemán. En fin.

El Borgues relacionaba prácticamente toda actividad humana con una frase, un poema o algún ensayo de Borges. Lo citaba una y otra vez en los cafés que frecuentaba, en la mesa y sobremesa de su casa, en los artículos semanales del periódico donde escribía. En el partido de futbol del sábado. No se sabe qué tanto llegó a leer y a conocer del escritor, pero no había nadie en la ciudad que hablara y conociera más de Borges que él. Inclusive, tuvo que luchar contra el jurado de su examen profesional, pues presentó una tesis algo inusual en su facultad: "El impacto de Jorge Luis Borges en el derecho internacional".

Con los años, El Borgues fue ganando fama como especialista del admirado escritor. Por supuesto que no en la ciudad en que vivía pues, como siempre sucede, ahí nunca fue tomado en serio. Gracias a su obsesión, publicó ensayos en revistas literarias, algunos de ellos traducidos a otros idiomas.

De todo lo que leyó de Borges, Jacinto Casal siempre admiró la crítica que hizo a Cervantes. Decía Borges del autor de El Quijote: "Juzgado por los preceptos de la retórica, no hay estilo más deficiente que el de Cervantes. Abunda en repeticiones, en languideces, en hiatos, en errores de construcción, en ociosos o perjudiciales epítetos, en cambios de propósito. A todos ellos los atempere cierto encanto esencial"

De Jacinto Casal hace mucho que no se sabe de él en la universidad. Alguien contó que preparaba un libro sobre la vida de José Emilio Pacheco, un autor que según él, no hemos dimensionado todavía en su grandeza.

gperobles@hotmail.com twitter: @guadalupe2003