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Opinión

El Estado soy yo

AMBIDIESTRO

Por Mónica Salcido Varela

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audima

Como en la medicina, el desempeño de un gobierno puede ser detectado a través de síntomas o señales. A veces los síntomas no son muy visibles o molestos, como pueden ser un dolor de cabeza leve o mañaneras que solo pierden el tiempo; otras veces, los síntomas son muy severos, al nivel que es claro que algo anda mal: cuerpo cortado, dificultad para respirar o la cada vez más evidente militarización del país y el decreto presidencial que salió esta semana.

El presidente Andrés Manuel López Obrador declaró el pasado lunes 22 de noviembre que los proyectos y obras del Gobierno de México son considerados como de interés público y seguridad nacional, así como prioritarios y estratégicos para el desarrollo nacional por medio de decreto presidencial. 

Lo anterior parece tener sentido. Son sus proyectos consentidos, como el Tren Maya, Dos Bocas o el aeropuerto Felipe Ángeles, de manera que es “normal” que el presidente opine que son muy importantes al nivel de declararlos de interés público y seguridad nacional.

Sin embargo, esto conlleva mayores consecuencias. Al declarar que los proyectos del gobierno son de interés público y seguridad nacional, bloquea cualquier suspensión dentro del juicio de amparo -pues no se pueden suspender actos administrativos de interés público y/o de seguridad nacional- que pudiera presentarse para detener temporal o indefinidamente el desarrollo de los proyectos.

Asimismo, esto implica que la información pública sobre los proyectos -esto es, contratos y licitaciones- quedará reservada al gobierno y no será compartida. Además, esto implica la nula observancia de los proyectos a las leyes ambientales y similares, pues las autoridades competentes deben otorgarles los permisos y licencias que necesiten sin cuestionamiento alguno; este decreto obliga a toda dependencia de “padrón y licencias” del país a otorgar a las obras todos los permisos necesarios para su construcción, que, si bien se trata de permisos provisionales, estos pueden durar hasta doce meses.  

En palabras más sencillas, esto quiere decir que el presidente ya se cansó de que le bloqueen sus proyectos consentidos y ordenó este decreto para que ya no lo molesten. 

A ver. Una cosa es la mala administración de la pandemia, las mentiras en las mañaneras, el retroceso en materia energética. Todo esto es lamentable, pero al menos la 4t hace un pequeño esfuerzo por disimularlo, por alegar que tiene otras razones u otros “datos” para tratar de convencer a todos que está bien. Pero otra cosa es que abiertamente, por capricho, el presidente esté atentando contra el Estado de Derecho y el derecho a la transparencia.

¿No te gusta que construyan sobre tus tierras en el Tren Maya? Es de interés nacional, entonces no puedes ampararte. ¿Te preocupa la destrucción de la selva? Concierne a la seguridad del país, entonces no puedes defenderte. ¿Te parecen curiosos los contratos por adjudicación directa en el aeropuerto Felipe Ángeles? Es de interés y de seguridad nacional, por lo que no puedes solicitar información al respecto. El presidente ya se cansó de que le hagan preguntas y cuestionen sus decisiones. Con este decreto, pretende que sus obras queden blindadas para que nadie les cambie ni un detalle. Así como lo pidió a los diputados y senadores de Morena en la aprobación de la reforma energética: que “No le cambien ni una coma”.

Además, este decreto fortalece la posición del ejército, pues el gobierno los ha involucrado en la construcción y licitaciones de las obras. Ahora, su participación queda protegida para que nadie haga preguntas ni “genere incomodidades” como lo hizo la semana pasada Latinus en su reportaje sobre los oscuros e ilegales contratos vía adjudicación directa en la construcción del aeropuerto. 

Este decreto, fuera de ser un abierto ataque al Estado de Derecho y a la división de poderes, demuestra que el presidente no se detendrá por nada en su camino por desarrollar sus proyectos y objetivos. Esto es preocupante porque demuestra una vez más el desinterés del presidente por respetar la ley y la Constitución.

Creo que lo más ha sorprendido es el descaro con el que abiertamente se prohibió la intervención alguna de los ciudadanos y la sociedad civil en proyectos que, se supone, son para su beneficio. El mensaje expresado por el presidente es claro, muy a la Luis XIV: el Estado soy yo. ¿No les gusta Pues ampárense. Defiéndanse. Ah no, ya no pueden…

Los intentos por deslegitimar al INE, los ataques a los organismos autónomos y los contratos concedidos a familiares y personas allegadas al presidente ya eran síntomas de que la actual administración no es muy aficionada al Estado de Derecho, a la democracia o a la transparencia, pero los últimos acontecimientos nos demostraron que este gobierno está comenzando a enfermarse de autoritarismo y militarismo.

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Este “decretazo” es una clara señal de que el presidente va a seguir con su “transformación” del país, ya sea que la ley se lo permita, o no. Ya sea que beneficie a los mexicanos, o no. Ya sea democrático… o no.

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