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El Mundial y la historia de siempre

MI PUNTO DE VISTA

Comienza la Copa del Mundo en Brasil este día. Serán 30 días de intensa actividad, de bombardeo de noticias, con las televisoras mexicanas hablando de lo único —como deporte— que saben hacer, porque para ellos no existe otra disciplina que no sea el balompié.

La fiesta arranca con el anfitrión Brasil enfrentando a Croacia, que junto con Camerún serán los rivales de México en esta justa mundialista a la que se llega —para no variar— no con la ilusión de ser campeones, "sino de alcanzar el famoso quinto partido", como si esa hazaña nos hiciera grandes, fuertes, poderosos y diferentes.

¿Qué esperamos de México en el certamen? Realmente poco.

Nuestro futbol está en pañales desde hace muchos años comparado con potencias como los mismos cariocas, España, Holanda, Alemania, Inglaterra, etc. Tenemos un futbol en retrospectiva, pero sólo en categorías superiores, porque en juveniles ya demostramos que tenemos capacidad, como lo indican esas dos Copas del Mundo ganadas en Sub-17. Lástima que muchos de esos campeones sufran esa metamorfosis cuando se alcanza la mayoría de edad.

¿Qué esperamos de México realmente, cuando se avanzó en condiciones nada plausibles? Recordemos que esta presencia en Brasil se la debemos al archirrival —deportivamente hablando— Estados Unidos, y al menesteroso futbol que practican los neozelandeses, a quienes se le ganó en el repechaje.

A varios tal vez les importa un comino la forma como se clasificó, porque lo importante era estar en esa lista final de los 32 invitados. Pero muchos de todos ellos, después lamentan el mísero papel que haga la selección si no avanza de la primera ronda, olvidándose de que sabían que se obtuvo el boleto casi de lástima, si no es que de lástima completa.

Partido. La selección azteca se enfrenta a Camerún mañana. ¡Bendito día!, qué bueno que ya restan sólo unas cuantas horas para ya no seguir escuchando ni leyendo aberraciones como ¿irá el Chicharito de inicio?, ¿quién acompañará al "Hermoso" Peralta en la delantera?, ¿cuál será el once de arranque?, etc., puntos que matizaron como si se trataran de problemas que atañen al país.

El colmo fue escuchar, durante las últimas tres semanas, a diario y como si se tratase de un castigo para quienes estábamos frente al televisor, una especie de "preocupación" por saber quién será el portero titular, si Corona era el indicado o si Memo Ochoa lo merecía, etc.

Una cosa es segura: mañana el país se paraliza casi en su totalidad unos minutos antes de que suene el silbatazo. Es algo que hay que reconocerle a la mercadotecnia y no al futbol.

Y posteriormente, si el resultado es favorable, veremos aficionados invadiendo el Ángel de la Independencia y La Minerva en Guadalajara, las calles con vehículos haciendo sonar su claxon, banderas en mano y provocando caos vial, y las dos más importantes televisoras del país haciendo enlaces desde diferentes puntos del país con las impresiones de un público "eufórico" por la hazaña realizada.

Pero eso no será todo.

Esperen ver transmisiones en las que surgirán pancartas con el nombre de equis jugador "para presidente o gobernador" al compás de la euforia, aunque al final del camino vendría la realidad, con una selección retornando dividida, partida, escondida y eludiendo medios, en caso de no alcanzar el famoso quinto partido.

Ese es nuestro futbol, y esa es la misma historia en copas del mundo, al menos de nuestro futbol.

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Ayer Dios me permitió escribir estas líneas; hoy sólo Él sabe si podré hacerlo de nuevo.