Opinión

El PAN hacia su centenario

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Por: Luis Felipe Bravo Mena

El Partido Acción Nacional cumple en estas fechas tres cuartos de siglo. Su acta constitutiva se firmó el 17 de septiembre de 1939, después de tres días de trabajos realizados en el Frontón México en los que se debatieron y aprobaron sus Principios de Doctrina y Estatutos. Se presentó el proyecto de Programa de Acción, que habría de ser votado en la Primera Convención Nacional celebrada en abril del año siguiente. En la asamblea fundacional también se discutió la línea política para las elecciones presidenciales de 1940.

La forma como nació el PAN no fue un acontecimiento de trámite. Es un hito en la historia del civismo de la nación. Fue la simiente de la democracia de la que hoy gozamos. Nació como una asociación de ciudadanos; mujeres y hombres de a pie, que decidieron cumplir con sus deberes cívicos y exigir el respeto de sus derechos y libertades.

Acción Nacional no nació en los recintos del poder, no usó recursos públicos para financiar labores de parto ni se estructuró con andamios de la administración pública. Tuvo una génesis ciento por ciento ciudadana, surgió de la visión y el talento de uno de los personajes más valiosos de nuestra historia: Manuel Gómez Morín, un verdadero patricio republicano, constructor de algunas de las instituciones más sólidas que estabilizaron al país en la etapa posrevolucionaria, como el Banco de México y los primeros proyectos del Seguro Social. Su defensa de la libertad de cátedra y de la autonomía universitaria como rector de la UNAM, lo convirtió en el líder indiscutible de un segmento de jóvenes y de la sociedad de aquellos tiempos.

Su idea fue crear una organización política con tres elementos sustantivos. Lo primero: doctrina sólida y trascendente, para superar la nefasta costumbre en la política de disputar descarnada y sangrientamente el poder, sin más propósito que desplazar al que lo usufructúa y colocar en su lugar a un nuevo personaje o grupo para hacer lo mismo que el anterior. Su segundo componente: permanencia. El caudillismo fue la causa de graves males a lo largo del siglo XIX, durante la Revolución y en las primeras décadas del siglo XX. Los caudillos normalmente se convierten en tiranos. Levantar una organización política que no dependiera de un hombre fuerte sino del vigor institucional, con prácticas y métodos democráticos en su vida interna fue una aportación valiosa para la modernización política. Su tercer fundamento: militancia libre, contrapunto radical a los partidos autoritarios y corporativistas que encuadraban en sus filas obligatoriamente a los miembros de las fuerzas armadas, a los trabajadores de los sindicatos, a los servidores públicos a los boleros, comerciantes ambulantes y taxistas. Desarrollar una organización política a la que se pertenece por decisión personal y por ello se asuma el compromiso de luchar por el cumplimiento de sus fines superiores constituyó una proeza.

En sus 75 años el PAN ha pasado por duras y maduras. Ha tenido crisis y glorias, derrotas y éxitos. Hoy vive una etapa con claroscuros, hablamos mucho de sus problemas, yo mismo en mi reciente libro: "Acción Nacional ayer y hoy. Una esencia en busca de futuro" (Grijalbo, 2014) me ocupo de ellos y propongo soluciones, pero a pesar de los momentos críticos, nadie podrá negar que en su historia están escritas algunas de las mejores páginas del civismo, que muchos panistas las siguen escribiendo. En esos tres elementos del proyecto gomezmoririano está cifrado su porvenir. A esa alma ciudadana debe apostarle el PAN para llegar fuerte y exitoso a la celebración de su centenario en el 2039.

Twitter: @LF_BravoMena