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El PRI, suelto

GUASAVE

Sin importar cuál vaya a ser la decisión que tomen con relación al nombramiento del nuevo presidente del Comité Municipal, el priismo quedará literalmente descuartizado y el fantasma de una segunda derrota electoral rondará sobre su próximo candidato a diputado federal.

Dirigentes formales y líderes naturales de ese partido pueden argumentar lo que gusten; jactarse que al terminar el día la institucionalidad prevalecerá por encima de todo, aún sobre el ninguneo y desprecio a la militancia que siempre está ahí.

También argüir que "su unidad" es monolítica y no afectará el que uno u otro de quienes se disputan la posición resulte favorecido por "el dedo". Igual si les da la gana gritarlo a los cuatro vientos.

Nada más artificiosa la seguridad y confianza que de boca para afuera dicen tener y cuyo propósito al parecer es inspirar una reacción en cadena que permee el ánimo ciudadano, a la opinión pública y a los propios priistas de "a pie".

Historia cíclica la suya, de sus grupos, cofradías y clanes es su división por los espacios de poder partidista. Hacia su interior se respira un ambiente hostil que bordea los linderos del más feroz canibalismo político.

Momentos complicados ha tenido la fortaleza del PRI por las turbulencias que genera cualquier competencia interna, trátese de candidaturas a puestos de elección popular, sindicaturas, comisarías, regidurías.

Procesos borrascosos con desplantes de insubordinación y aún de desbandadas masivas, como las que se dieron en el 2010 en la elección por la gubernatura y más recientemente por la alcaldía, con costos obviamente terribles para el PRI, pues ambas las perdieron por primera vez.

En el pasado a pesar de todos los desencuentros que propiciaban sus luchas intestinas, al final siempre había quien pusiera orden y alineara a los rijosos a los designios cupulares.

A través de las llamadas "operaciones cicatrices", negociaban el reparto del pastel, aglutinando a las corrientes disidentes en torno al "bendecido". Pero, ¿ahora qué reparten? Lo que se le unta al queso.

Hoy la situación en Guasave pinta distinta, empezando porque la nomenclatura anda como "papalote sin cola"; no son gobierno en ningún lado, ni aquí ni en el estado y por lo tanto cada quien, si no interviene el CEN del PRI, los prolegómenos del proceso seguirán siendo un batidillo con presagio de desastre.

Los aspirantes pueblerinos que asumen derechos y méritos están enfrascados en abierta y ríspida confrontación que rebasa la normalidad de una contienda política que debería conducirse con tersura, la cual empeora con la injerencia de intereses de un metropolizado grupo político, ajeno a los aldeanos, cuyos intereses están puestos en la lucha por la gubernatura próxima.

Quizá hacia el exterior del priismo o dicho mejor del común de la gente no ligada a esos círculos, se desconozca la lucha sorda y peligrosa para el proyecto de ganar la diputación federal en el 2015, pero no quiere decir que no suceda.

Llegado el momento de la decisión, posiblemente los marginados, acepten de mal grado la elección digital y centralista. Sería de esperarse que todos acudan al ritual del ungimiento, aplaudan y declaren que "es la mejor definición de mi partido".

Sin embargo la apariencia podrá ser una en los perdidosos y otro su actuar y el poco o mucho capital político que tengan que aportar a la hora de las campañas para ayudar al PRI y a su candidato, ¡júrelo!, los despreciados le harán al "Tío Lolo". Lo hicieron apenas el año pasado en las elecciones, con el desenlace ya sabido.