Opinión

El PRI y las reformas

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Por: José Antonio Crespo

Pese a la baja evaluación sobre el desempeño de Enrique Peña Nieto en las encuestas, no se podrá decir que no cumplió al menos la primera parte de sus promesas sexenales: llevar a cabo las reformas estructurales, rezagadas por varios años. La segunda parte de esas promesas será más difícil de cumplir: la adecuada aplicación de las reformas y sus efectos positivos sobre la economía y sociedad mexicana. Bien sabemos que contar con una ley adecuada (suponiendo que lo fuera por completo) no se traduce en automático en los efectos esperados de ella, menos en un país infectado hasta la médula de corrupción, y con una cultura política de irresponsabilidad, desorganización, improvisación y agandalle. En el mejor de los casos, las reformas arrojarán algunos resultados a fines del sexenio. Pero el caso es que la fase de las reformas se completó en estos dos primeros años, lo que se veía sumamente difícil de lograr.

Cuando el PRI tenía las mayorías necesarias, no deseaba pagar el costo político de llevar a cabo reformas que atentaban contra los privilegios de sus liderazgos corporativos y sindicales. Ahora, finalmente, ocurrió. Ernesto Zedillo (a partir de 1997), Vicente Fox y Felipe Calderón tuvieron como obstáculo que sus respectivas oposiciones (el PAN con Zedillo y el PRI con Fox y Calderón), que decidieron no cooperar sino bloquear las reformas propuestas. Gobierno dividido ha sido en México, al menos hasta esta administración, sinónimo de parálisis en cuanto a las reformas estructurales. Fox —igual que Calderón— apostó a dar una carta de impunidad al PRI pese a haber prometido lo contrario en su campaña (lo que hubiera implicado cambios importantísimos contra la corrupción e impunidad), a cambio de su colaboración legislativa en las reformas estructurales. Se quedó sin reforma política ni reforma económica, porque simple y sencillamente el PRI no le cumplió (lo que era previsible). Y no lo hizo porque, como Fox mismo se quejaba, no había un mando unificado, un liderazgo único con quien acordar.

Las diferentes corrientes del PRI se fueron por su lado, y como ideológicamente no hay homogeneidad, no había garantía de que todas aceptaran alinearse en un solo sentido. Eso, además de que había la clara voluntad de boicotear a los gobiernos panistas para, eventualmente, regresar al poder, como de hecho sucedió. Recordemos cómo Manuel Bartlett, entonces senador del PRI, decía que si a Fox le iba bien, le iría mal a México. Había entonces que entorpecer el gobierno de Fox. Y el también senador Fidel Herrera aseguraba que el PRI no colaboraría con los gobiernos panistas para que la ciudadanía se percatara de que sólo el PRI sabe gobernar.

Como candidato, Peña Nieto ofreció reformas que el PRI había rechazado bajo los gobiernos panistas, explicando que su partido, cuando no tiene jefe nato (es decir, presidente surgido de sus filas) no puede unificarse, pero que si él llegaba a la presidencia se restauraría lo que normalmente conocemos como línea presidencial. Ahora vemos que, en efecto, se restableció esa forma de operar del PRI bajo un presidente suyo (para bien y para mal), gracias a lo cual el PRI se unificó para respaldar reformas que no todos en ese partido aprueban (para no hablar de sus grandes sindicatos y corporaciones).

Pero eso no bastaba; era menester la participación de los partidos de oposición, y en ese sentido el Pacto por México fue un valioso instrumento político (de nuevo, al margen de la bondad o no de cada reforma). Con la reforma energética, que se veía más difícil por la connotación ideológica que tiene, no fungió el Pacto; de hecho con ella —y la fiscal— se terminó. Contó aquí la responsabilidad del PAN de apoyar una reforma que venía impulsando desde años, así no fuese desde el gobierno. Desde luego, de todo esto podría surgir la conclusión de que sólo bajo un gobierno priísta se puede echar a andar la maquinaria reformista, pues de otra forma el PRI no se unificará. Pero eso, por sí mismo, no le garantizará continuar en el gobierno. Falta ver los resultados.

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