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El abuelo

Durante las últimas semanas el mundo ha homenajeado a un gran autor de temas universales que hizo de México su casa durante varias décadas. Gabriel García Márquez fue, sin duda, un escritor que logró plasmar en sus novelas grandes temas de la vida humana, del amor, de la política y de la desigualdad social con una prosa tan rica y al mismo tiempo tan accesible que se volvió referente e inspiración alrededor del mundo.

Tocó también dar el adiós final a otro autor, menos conocido pero también de gran impacto, quien también hizo de México su casa durante sus últimos años. Sidney Weintraub, economista, diplomático y académico norteamericano, fue durante los años 70 y 80 el autor intelectual de la mayor integración entre México y EU, cuyos libros plasmaron la idea de un tratado de libre comercio entre ellos casi dos décadas antes de que la idea se volviera realidad. Falleció hace unos días en Cuernavaca, Morelos a los 91 años.

Después de una carrera como diplomático y oficial del gobierno en temas económicos, Weintraub fue nombrado profesor distinguido en la Universidad de Texas, dónde empezó a escribir sobre la economía global. Le habían marcado mucho un par de años que pasó con su familia en México en los años sesenta, y empezó a sugerir en sus libros que el futuro económico de EU radicaba no en Europa o Asia, donde todos ponían sus miras, sino en la relación con sus vecinos, México y Canadá, una idea radical en ese momento. Su libro "Libre Comercio con México" (1984) fue el primer tratamiento sistemático de la idea de un acuerdo comercial entre dos países.

Después de que se negoció el tratado de libre comercio entre México, Canadá y EU, originalmente una iniciativa mexicana, muchos lo llamaron a Weintraub el "padre del TLCAN", aunque él siempre decía que más bien debía ser "el abuelo" por su edad. En Washington, como investigador distinguido en el centro de investigación y análisis CSIS, continuó sus estudios en integración económica, y nunca le fallo su instinto crítico. Si de algo se regocijaba, fue de que Estados Unidos había entendido la importancia de poner mayor atención en la relación con sus vecinos, pero reconoció también que no todos los resultados de la integración eran positivos y faltaba una política pública sensata en cada país para tomar ventaja de las políticas de libre comercio, incluyendo mayor movimiento de personas entre los países.

Hace algunos años escribió su último libro, "Socios Desiguales", que exploraba la historia reciente de negociaciones entre México y Estados Unidos, dos países que se habían integrado económicamente muy rápido a pesar de grandes asimetrías de tamaño, niveles de desarrollo y poder político a nivel global. En el libro, explora seis casos de negociaciones concretas entre los dos gobiernos y concluye que las asimetrías han ido cambiando a lo largo de los años. Si bien, sigue siendo una relación entre desiguales, el hecho que Estados Unidos ya depende económicamente de México y Canadá de una forma inconcebible hace veinte años hace que tenga que prestar una atención mucho más sostenida a sus vecinos que antes. Y, si bien Estados Unidos sigue siendo la potencia económica más grande entre los tres, no hay pocos casos en que el gobierno mexicano ha logrado sacar adelante sus agendas con el país vecino no por el tamaño de su economía, sino por su habilidad de posicionar temas en la agenda bilateral y trilateral de manera efectiva.

Weintraub regresó a vivir a México con su esposa Elizabeth Midgley, cumpliendo su sueño de pasar sus últimos años en un país al que siempre había querido y admirado. Lo recordaremos como un gran ser humano y como el "abuelo" de la idea de ese experimento importante, incompleto y contradictorio de la integración económica entre los tres países tan distintos pero hoy interconectados de América del Norte.

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